Smells like teen spirits

Capítulo 9: Lo que importa no es lo más importante ahora

Mokuba estaba preocupado. Hacía más de media hora que Seto había llegado y no iba a comer. Y Seto nunca se demoraba tanto. Si existía alguien que encajara con la palabra puntualidad, ése era Seto Kaiba.

Mokuba no aguantó y se dirigió a la segunda planta para ver qué demoraba tanto a su hermano. Cuando Mokuba abrió la puerta del estudio vio a Seto haciendo algo que nunca había visto: Seto Kaiba no estaba haciendo nada.

-Seto, ¿estás bien? -preguntó Mokuba, entrando en el estudio. Siempre que iba a verlo Seto estaba haciendo algo. Generalmente, escribiendo apresurado en su portátil, revisando documentos importantes o sus cartas. Pero en ese momento no estaba haciendo nada.

-Mokuba, ¿qué pasa? -dijo Seto a manera de respuesta.

-Eso vengo a preguntarte. ¿Por qué no bajas? La cena se va a enfriar.

-Entonces, vamos -dijo, poniéndose de pie y caminando hacia la puerta.

Mokuba lo siguió. Caminaron hasta llegar al comedor y lo pasaron de largo. Los hermanos Kaiba gustaban de comer en la cocina.

Durante la cena Mokuba se percató de que Seto no comía casi nada (es decir, menos de lo normal). Definitivamente, había algo que estaba mal. Mokuba había aprendido mucho de su hermano, como a analizar la situación.

"Seto ha estado así desde hace ya dos semanas... ¿o eran tres? Pero ahora está más raro. Ayer estaba más o menos, pero hoy.... Mmmm... ¿Habrá pasado algo en la escuela?"

-Seto, dime, ¿qué hiciste en la escuela hoy?

Seto fijó su mirada en él.

-¿Qué te hace pensar que hago algo interesante en la escuela?

"Sí. Pasó algo en la escuela" pensó Mokuba mientras masticaba su carne.

-A mí sí me gusta la escuela. Hay mucho qué hacer. Entonces... ¿No hiciste nada divertido en el día?

-Dirijo una empresa. No tengo tiempo para diversiones.

"Así que hoy pasó algo divertido en la escuela y... ¿No me lo quieres decir?" Para Mokuba, las cosas se estaban poniendo muy interesantes.

-Deberías intentarlo, Seto. Kaiba Corp no se irá a la bancarrota si te diviertes un poco. ¿Qué hay con las cartas? ¿Por qué no haces un torneo?

-No, creo que no es buen momento. Pero sería divertido... -Una sonrisa llena de malicia se dibujó en su hermoso rostro.

"¿Cuál buen momento? No quieres hacer un torneo porque tienes algo que te entretiene pero... ¿Qué es? ¿Algo más divertido que Duelos de Monstruos? A ver, piensa, Mokuba..."

-¿No? Pero sería una buena oportunidad para desafiar a Yugi. ¿No es lo que quieres?

-Derrotaré a Yugi. Ése es uno de mis objetivos. Y lo voy a cumplir. Pero como te dije, no ahora.

"¡Ajá! Mencionaste a Yugi antes de decir que era tu objetivo. Así que sí se trata de Yugi, después de todo" pensó Mokuba con una sonrisa en el rostro.

Mokuba conocía muy bien a su hermano. Era la única criatura sobre la faz de la tierra que podía decir que conocía a Seto Kaiba. Lo conocía lo suficiente como para saber que algo andaba mal. Siempre que Seto se refería a ese asunto decía que "su objetivo era vencer a Yugi", pero en esa ocasión había dicho que "iba a derrotar a Yugi, porque ése era su objetivo". Pequeñas cosas hicieron que Mokuba conectara sus ideas. Y tuvo como resultado "que Yugi era su objetivo". Así de fácil.

-¡¿Qué?! -gritó Mokuba cuando su cerebrito llegó a la sabia conclusión.

-¿Qué pasa, Mokuba? -preguntó, alarmado, Seto. Habían estado hablando normalmente, como siempre.

-No, nada. No te preocupes, hermano.

"¿Tan pronto, Seto? Pensé que esperarías un poco" pensó Mokuba mientras tomaba leche de su vaso.

Ahora, Mokuba sabía que su nii-sama estaba realmente interesado en Yugi Mutou. Siempre había estado interesado en él, pero como duelista, aunque Mokuba guardaba la esperanza de que su hermano aceptara su amistad. El comportamiento atípico de Seto sólo había hecho que confirmara sus sospechas. No le había molestado que Seto se interesara en Yugi. Después de todo, a Mokuba le caía muy bien. Y él no conocía a ninguna chica digna de salir con su hermano. Pero no podía permitir que Seto saliera herido. No podía.

-Bueno, Seto, me voy a hacer mi tarea. Me gustó hablar contigo -se despidió Mokuba. Seto sólo miró cómo salía de la cocina. Luego miró el plato de Mokuba.

-¿En qué ando pensando? No le dije que se comiera sus verduras.



Cuando Yugi salió de la ducha encontró a Yami sentado en el borde de la cama, cruzado de piernas.

-¿Te sientes mejor ahora?

-No sé a que te refieres. Estoy bien -contestó Yugi sentándose en el escritorio, listo para hacer sus tareas.

-Supongo que yo también me sentiría bien. Es decir, soy pareja del sujeto más rico y poderoso de toda la ciudad, quizás del país.

Yugi volteó a verlo. Había algo en el tono de voz de Yami que Yugi no entendía. Era como si se lo estuviera sacando en cara.

-Eso no es importante; al menos, no para mí. De seguro, tampoco para Kaiba. Lo que importa es que mañana irás a la escuela.

-¿Éso es lo que importa?

-Es lo que me importa a mí. ¿Acaso no es lo que querías?

Yami lo miró con interés. Había algo en el tono de voz de Yugi que Yami no entendía. Era como si se lo estuviera sacando en cara.

-Creo que el precio de mi capricho fue muy caro.

-Eso no importa ahora -dijo Yugi, sonriendo. Pero Yami sabía que no era más que una sonrisa forzada.

-¡Claro que importa! Prácticamente te vendiste a Kaiba -dijo Yami sin poner contenerse. Había tratado toda la mañana de callárselo, pero no ya no podía más.

Yugi abrió los ojos. Trató de decir algo, pero no salió nada de sus labios. ¿Qué quería decir Yami con eso? Estaba haciendo el asunto muy grande. Y Yugi ya tenía bastante por ese día.

-¿Por qué estás tan enojado? No es la gran cosa. No vamos a salir al cine o a comer en un restaurante lujoso, Yami. A mí no me importa mucho saber porqué Kaiba-kun pidió eso. Y tampoco debería importarte a ti.

-Eso dices tú. ¿Pero qué pensará Kaiba? De haber sabido que te iba a pedir eso, no te hubiera dicho nada -declaró Yami, poniéndose de pie y dirigiéndose a la ventana.

-¿Te arrepientes?

-Sí -contestó Yami; la verdad, no le había prestado interés a la pregunta. Por eso no notó la expresión en el rostro de su aibou al decirla.

-¡¿Cómo puedes decir eso?! -gritó Yugi, poniéndose de pie-. ¡Siempre me dices que nunca me arrepienta de mis actos! ¡Después de todo lo que hicieron! -Yugi apretaba los puños con fuerza. Recordaba cómo sus amigos también habían aceptado las condiciones de Kaiba, y ahora Yami decía que estaba arrepentido-. ¡Después de lo que hice! ¡Todo por ti! Y ahora... ¡Ahora dices eso!

Yugi no lloró, aunque quiso. Pudo retener sus lágrimas antes de que se le salieran. Yami se quedó inmóvil. No sabía qué decir; no era como si pudiera decir algo.

Yugi esperó una respuesta. Una respuesta que nunca llegó. Así que decidió irse. No quería estar en el mismo cuarto que Yami. No después de lo que había dicho. Se dirigió a la puerta y salió, cerrándola de un golpe tras él.

Yami no reaccionó hasta que sintió el pequeño temblor del cuarto cuando Yugi cerró la puerta. ¿¡Qué demonios había hecho?! No podía dejar que Yugi se fuera así. No después de lo que había dicho. Se acercó a la puerta dispuesto a salir a buscar a Yugi.

En el preciso momento en que iba coger la perilla, la puerta se abrió. Ahí de pie estaba Yugi con la cabeza agachada; no deseaba ver a Yami.

El espíritu se quedó frió. No había esperado que Yugi regresara.

-Déjame solo -le dijo Yugi, entrando en el cuarto pero sin levantar la cabeza.

Yami lo miró. Lo vio sentarse en el escritorio. Yugi tenía razón. Era su cuarto y tenía tareas qué hacer. Era Yami quien tenía que irse.

-Por favor -pidió Yugi. Yami no quería hacerlo. No quería dejar solo a su aibou, pero sabía que no iba a ayudar de mucho que se quedara. Salió y cerró la puerta muy despacio.

Fin del capítulo 9