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Capítulo 8: Kaiba sólo busca competencia Había tenido un día muy largo. Tenía que revisar el nuevo simulador de juegos virtuales. Y para ahorrar tiempo, había llevado la portátil al colegio. De todas maneras, no tenía que preocuparse de las clases; los profesores no decían nada que él no supiera ya. Es más; no era necesario que fuera a la escuela. Pero existía una razón que motivaba a Seto Kaiba a seguir asistiendo a clase: Mokuba. Tenía que darle el ejemplo a su hermano. ¿Cómo podía exigirle ir a la escuela si él no lo hacía? La limosina se estacionó frente a la puerta principal. Incluso su forma de bajar de ella era para ser analizada: primero ponía un pie sobre el suelo; luego, se inclinaba hacia adelante para darse impulso al salir y erguirse en toda su altura. Incluso en algo tan simple como eso, Seto Kaiba era cuidadoso. Caminó sin prisa hasta la puerta. Cuando entró lo primero que vio fue a Mokuba bajar las escaleras y correr a su encuentro. -¡Seto! ¡Por fin llegas! Llamé a Kaiba Corp y me dijeron que estabas en una reunión. -No me dijeron nada -contestó Kaiba. Todos en la compañía sabían que nadie podía interrumpirlo. Nadie que no fuese Mokuba. -No te preocupes. Dije que no era importante. Sólo quería saber a qué hora volverías. -Sabes que vengo a las siete. -Pero... Quería salir antes de que llegaras. Tenía que estar seguro de que vendrías a esa hora. -¿Salir? -preguntó Kaiba, levantando una ceja. -Sí, a casa de Yugi -contestó el chico, muy sonriente. Kaiba no contestó. ¿Qué podía contestar? Mokuba siempre pedía permiso para ir a visitar a Yugi y los otros. A Kaiba le molestaba, pero ¿qué iba a hacer? A comparación de él, Mokuba sí tenía amigos. Y tenía derecho a ir a divertirse con ellos. Mokuba se percató de que su hermano no contestaba por pensar en algo más. Sus sospechas no hicieron sino crecer más. Cuando el silencio se hizo incómodo volvió a hablar. -Avisaré para que te preparen algo -dijo mientras corría hacia la cocina. Kaiba lo siguió con la mirada. ¿Qué significaba eso? Mokuba estaba actuando raro. Tenía pensado hablar con él. Quizás tenía problemas en la escuela. Kaiba se dirigió a su estudio. Se sentó en el escritorio y prendió la computadora. No tenía algún trabajo pendiente por revisar. Pero lo hacía por acto reflejo. Siempre había algo qué hacer. Mientras revisaba los códigos de sus programas y sistemas más recientes rememoró lo sucedido en el día. Había salido de casa a la misma hora, como siempre. No sin antes ver a su hermano y despedirse de él. Necesitaba revisar algunas cosas para Kaiba Corp, así que había decidido llevar trabajo a la escuela, como siempre. Al entrar a la escuela había sentido cómo todos se volvían a admirarlo. De seguro, su club de fans estaba por algún lado, adorándolo. Como siempre. Todo había parecido normal, común y silvestre. Como siempre. Al entrar al aula se había topado con Yugi, Jounouchi, Honda, Anzu e inluso Bakura. Lo habían mirado de una manera extraña. Como si hubieran estado esperándolo toda la mañana. Le había parecido especialmente raro, pero no le había dado mayor importancia. Había pasado a tomar asiento para comenzar a escribir en su portátil. Segundos después la profesora había entrado en el aula. Adoraba ser tan puntual. Entonces había escuchado el grito de Jounouchi, pero no fue el único: toda la clase lo había escuchado. Era raro que Jounouchi reaccionara así. Era normal cuando Kaiba lo provocaba, pero ese día ésa no había sido la situación. Había querido voltear, pero no iba a darle el gusto. Durante toda la mañana había sentido cómo se le tensaban los cabellos de la nuca. Señal de que lo observaban. Era normal sentir eso. Pero no toda la maldita mañana. "Sea lo que sea que estén planeando, mejor que sea bueno" había pensado mientras seguía en lo suyo. Por fin, después de mucha discusión (discusión provocada por Jounouchi), habían llegado a un acuerdo. Nada le había hecho presagiar que ese día el grupo de amigos de Yugi Mutou le pediría dinero para sobornar al director. De haber estado bajo otras circunstacias, Kaiba nunca hubiera aceptado. Pero lo había hecho.. Quizás porque se lo había pedido Yugi. Porque iba a recibir mucho a cambio. Porque le gustaba sentir que la gente iba a suplicarle ayuda. Y en parte, porque había tenido cierto roces con el director y era buen momento para recordarle quién era Seto Kaiba. ¿Yugi?¡Ja! Ese nombre sólo significaba algo para él. Rival. Yugi era el único a quien podía considerar como su rival. A Yugi y a su espíritu. Kaiba no sabía con exactitud cuando había reconocido sentirse atraído por Yugi. ¡¿Cómo podía ser?! Yugi Mutou era tan diferente a él. Era pequeño; parecía un niño, tan optimista, alegre, carismático, diciendo todo lo que pensaba, lindo y capaz de cualquier cosa por sus amigos. Sí, Seto Kaiba tenía que admitirlo. Le fascinaba todas las características de Yugi, esas características que él había perdido hace mucho. También pudo haberse fijado en Yami. Yami se parecía en algo a él. Le gustaba, pero por algunas cualidades que poseía. Cualidades que había obtenido de Yugi. Después de todo, habían compartido el mismo cuerpo. Por alguna razón que Kaiba desconocía, pensar en Yugi lo relajaba. Era como una droga. Seto Kaiba rio entre dientes al recordar que esa misma mañana le había pedido ser su pareja. De hecho, ni siquiera había sido así. Prácticamente lo había obligado a aceptar sus condiciones. Y ahora que lo pensaba, Yugi también había puesto algunas condiciones. La más relevante era que, si bien Yugi era su pareja, eso no quería decir que Yugi era suyo. Y se demoró mucho en hacérselo entender a Kaiba. No era que no entendiera (era Seto Kaiba), sino que quería saber a dónde quería llegar Yugi. "Puede ser lo que quiera, pero no es imbécil" pensó Kaiba, recordándolo. Kaiba no sabía a ciencia cierta porqué se lo había pedido tan rápido. Después de todo, él sólo iba por lo seguro y, quizás, eso había sido seguro. Aunque, analizando la situación, había llegado a la sabia conclusión de que todo lo hecho era para mantener a Yami a raya. Si Yugi no era imbécil, pues él lo era menos. Sabía, o creía saber, que Yami sentía algo más que sólo amistad hacia Yugi. De lo que no estaba seguro era si acaso Yugi estaba enterado de la situación. Situación algo difícil de entender. Pero de lo que sí completamente seguro era que se lo había pedido para disfrutar de la actitud de Yami. Sentía que no era divertido ganar una carrera si es que no tenía competencia. Fin del capítulo 8 |