|
Capítulo 6: Es normal -Bien, Kaiba-kun. ¿De qué deseas hablar? -De nosotros. Yugi palideció con eso. Kaiba no trató de explicar lo que decía; estaba disfrutando ver a Yugi confundido. La mirada penetrante de Kaiba no ayudaba a sentirse mejor. Yugi necesitaba sentarse. Se acercó a un carpeta (la que estaba junto a la de Kaiba) y se sentó mirando a Kaiba. -¿Ya podemos hablar? -Supongo. -Si no estás a gusto, podemos hablar después. -No. -Yugi sabía que mientras más rápido, mejor-. Estoy bien. -Como digas -dijo Kaiba, levantando los hombros-. Los demás pueden esperar, pero necesito hablar contigo ahora. Yugi agradeció el que Kaiba no se fuese con rodeos. -Soltar dinero para sobornar a alguien es algo que cualquiera haría. -Pero tú no eres cualquiera. -Exacto. Y quiero algo a cambio. -¿Y qué es? -preguntó Yugi, temiendo la respuesta. -A ti. -¡Con un demonio! ¡Ya suéltenme! -seguía gritando Jounouchi. -No hasta que lleguemos -declaró Honda. -¿A dónde vamos? -preguntó Anzu, sujetando contra su pecho el Rompecabezas del Milenio. -A mi oficina -contestó Honda. Los tres caminaron hasta el final del pasillo (no Jounouchi, ya que él no estaba caminando: estaba siendo arrastrado). Anzu se paró en seco y miró la puerta. -¿Ésta es tu oficina? -Sí. Si no te gusta, te quedas afuera. -Pero... -Espéramos, entonces. Pero necesitamos hablar con él -dijo Honda, señalando la pirámide. -Está bien. Entraré. Honda abrió la puerta. Los presentes se sorprendieron al verlos entrar (en especial por Anzu, que estaba muy avergonzada). -Déjame esto a mí -pidió Jounouchi-. ¡Muy bien, vagos! ¡TODOS AFUERA! ¡Usen el del tercer piso! -gritó, logrando que todos abandonaran el lugar en el acto. -De todos los lugares de la escuela, ¿tenías que traernos aquí? -Como ya dije, si no te gusta, te puedes ir. -Ya estoy dentro, así que qué más da. Pero... ¿En el baño de hombres? -¿Quieres que entremos todos en el de mujeres? -¡YA! ¡Cállense de una vez y suéltenme! Honda y Bakura se miraron unos segundos antes de soltar a Jounouchi, que se dio contra el suelo. -Gracias -dijo, poniéndose de pie-. Puedes salir si quieres. Anzu sintió cómo ese calor que emitía la pirámide se materializaba en un chico muy guapo, según su opinión personal. -Hola -saludó sin ganas a los presentes. -Hace mucho que no nos veíamos. -¡Ya! Dejen las presentaciones para otro momento. Tenemos cosas importante que tratar -se quejó Jounouchi. -Por primera vez, dices algo inteligente. -Ahora lo importante es saber qué haremos con Kaiba. -No te preocupes, Anzu. Siempre podemos golpearlo. -No cuenten conmigo -dijo Bakura, muy tímido. -Supongo que contigo, sí. ¿No, Yami? Yami no contestó. Estaba demasiado preocupado por su aibou. Más que preocupado, estaba celoso. Miró de reojo a Bakura. Se imaginó a Yami Bakura riéndose de él: el gran faraón, el Rey de los Juegos, estaba muriéndose de celos. -Sabemos que de nosotros (de mí en especial) querrá burlarse. Pero no me imagino de qué quiere hablar con Yugi. -Debe ser algo importante. Si no, Kaiba no nos habría pedido que nos vayamos. -¿Pedido? Nos botó. -Como sea. Ahora estoy preocupada por Yugi. No creo que Kaiba le haga algo, pero siento que algo anda mal... -¡Confíen en Yugi! No creo que acepte algo que no esté dispuesto a hacer. Yami estaba analizando la situación. Se preguntaba qué era lo que Kaiba estaba discutiendo con él en ese preciso momento. Por otra parte, sabía que fuera lo que fuera lo que pidiera Kaiba, Yugi aceptaría. Porque era por él. -Sólo nos queda esperar -dijo Jounouchi, resignado-. ¿Estás bien, Yami? No has dicho nada. -Sólo es que... No me gusta esperar. -No entiendo. -Dirás: no quiero entender. La operación es fácil: tú me pides un favor, y yo acepto ayudar sólo si tu aceptas mis condiciones. -No he escuchado ninguna. -Ya dije la primera. -¿Ésa era una condición? -Sí. Kaiba disfrutaba de cada expresión de Yugi. Era un momento sublime para Kaiba; tenía que disfrutarlo al máximo. -Para hacértelo fácil: lo que quiero es que seas mi koibito. -¿¡Qué!? -¿Te sorprende? Pero si es normal. -Pero... A Yugi le pareció que le echaban agua fría. Era más, sintió también cómo le caía el balde de agua de metal en la cabeza. En algún lugar alejado de su mente se había imaginado eso, pero no le había dado importancia. Se maldijo por no hacer estado preparado. Fácilmente Yugi podía rechazar la propuesta, pero eso significaba olvidarse del trato. No quería ser pareja de Kaiba, pero deseaba que Yami estuviera en la escuela. Quería pasar más tiempo con él; hacer que Yami tuviera una vida lo más parecida a una normal. Deseaba que Yami conociera lo que era sentarse junto a sus amigos, amigos verdaderos y, en especial, quería que estuvieran más tiempo cerca. "Es normal" repitió Yugi como un mantra. Si ésa era la condición de Kaiba para que Yami estuviera en la escuela, la aceptaría. -Está bien, Kaiba. Acepto. Kaiba torció una sonrisa en señal de victoria. -No te arrepentirás. -Espero que cumplas. -Claro. Mañana podrás venir con Yami. Kaiba no se había imaginado que Yugi aceptaría tan rápido. Estaba dispuesto a darle tiempo para que pensara, pero si Yugi ya lo había decidido, se ahorraba una larga espera. Kaiba no sabía con exactitud porqué había dicho eso. Al principio pensó en pedirle una que otra salida a Yugi pero, si Yami estaba cerca, las cosas se pondrían difíciles. Así que tenía que asegurarse el juego. -Sal -dijo Kaiba, poniéndose de pie y acercándose a la puerta-. Necesitas comer algo. Yugi salió de sus pensamientos. El refrigerio ya se terminaba. Vio a Kaiba salir, pero él no tenía ganas de hacerlo. -Espero haber hecho lo correcto. Fin del capítulo 6 |