Smells like teen spirits

Capítulo 5: Una mente corrupta y manipuladora

Yami y Yugi (por fin) llegaron a la tienda de juegos. El abuelo los saludó, un tanto extrañado por la llegada de ambos. Aún no se acostumbraba a la presencia de Yami. Pero suponía que sólo era cuestión de tiempo.

Ambos subieron. Yugi se dirigió de frente al baño. Yami se dejó caer sobre la cama con las manos detrás de la cabeza. No tardó mucho en escuchar el sonido de la ducha.

-Kaiba...

Yami estaba sumido en sus pensamientos. Nada ni nadie podría ser capaz de distraerlo en ese momento. Se imaginaba a Kaiba pidiéndole un sinfín de cosas a Yugi a cambio de su ayuda.

-¡Maldición! Yo tengo la culpa por meterle la idea a Yugi.

Su intención era hacer que Kaiba estuviera lo más lejos posible de su aibou. Pero ahora iban a estar más cerca. Incluso llegó a pensar que la idea de que Jounouchi y Bakura intentaran convencer al director por otros medios era más factible, aunque Yugi no lo aceptaría.

Al analizar lo que pensaba, sonrió para sí mismo. Nunca hubiera pensado que podría ser tan celoso. La sola idea de ver a Yugi con Kaiba lo desquiciaba. Pero por otra parte, ¿quién era él para decidir por Yugi? Yugi era libre de decidir estar con quién sea. Así sea Seto Kaiba, era su decisión.

Yami sabía que era Yugi quien decidiría todo, pero él así no lo deseaba. Lo que Yami deseaba en el fondo era permanecer junto a Yugi. Sólo ellos dos. Por alguna razón que desconocía, Yami sentía, en cierto modo, que Yugi era suyo. Pero eso no podía ser.

Más de una vez había pensado seriamente en decirle todo lo que sentía a su Hikari. Pero siempre terminaba igual: nunca le decía nada. Yami le tenía demasiado miedo a la respuesta de Yugi. ¡Se sentía un perfecto imbécil! Era tan fácil de decir, pero nunca podía decirlo. Y quizás nunca se lo diría. Ellos eran amigos, eran como hermanos, eran capaces de entenderse sin tener que hablar. Por fin, después de tanto tiempo, el faraón había encontrado a alguien que de verdad lo comprendía. Y no tardó en darse cuenta de que se había enamorado de Yugi.

-No puedo...

Yami se levantó de la cama y de dirigió a la ventana. El cielo estaba despejado, pero apenas distinguía algunas estrellas.

Él era su guardián, su protector. Y tenía que comportarse como tal. Sabía que Yugi lo quería mucho, pero no de la misma forma en que Yami a él. Por más que Yami deseara a Yugi, por más enamorado que estuviera, por más que quisiera matar a quien se acercara a él. No podía decirlo y arruinar todo. Yami no estaba dispuesto a privarse de estar junto a Yugi. Lo único que le aliviaba el corazón era saber que podía estar junto a Yugi. Junto a él, pero sólo como su mejor amigo, nada más.

-¿Vamos a cenar?

La voz de su aibou lo sacó de sus pensamientos. Por fin había terminado de bañarse. Aún tenía el cabello mojado; algunos de sus mechones escurrían agua.

-Sabes que no lo necesito.

-Sabes que me gusta preguntar -contestó, sonriente, Yugi-. Entonces, ya vuelvo -dijo, mientras cogía una toalla más pequeña y terminaba de secarse el cabello. Dejó la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Yami hizo sonar las vértebras de su cuello; estaba muy tenso. Jaló la silla del escritorio para sentarse. Vio que en el escritorio estaba la carta que Yugi le había enseñado en la mañana. La cogió y leyó de nuevo:

"Deberías estar más atento en la escuela. No deseo que te lastimes. Me hubiera gustado estar junto a ti; de seguro habría hecho más."

Quiso romper la carta de Kaiba. Pero no era suya: era de Yugi. Yami suspiró. Abrió el primer cajón del escritorio para guardar ahí la carta; no deseaba ver nada que viniera de Kaiba. Gran error. Al abrir el cajón encontró dentro varios papeles pequeños doblados por la mitad. Miró la carta que tenía en la mano.

-¿No tenías nada mejor que hacer, Kaiba?

Yami metió la carta que tenía y cerró el cajón de un golpe. No quería saber qué decían esas cartas. No quería que Kaiba se acercara a Yugi. No quería que Yugi se enamorara de él.

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-Hoy tienes más ganas, aibou -saludó Yami al ver que Yugi ya estaba listo para ir a la escuela.

-Sí. Quiero llegar antes para hablar con los demás.

-¿Hablar de mí y la escuela?

-¡Sí!

-Oh.

-¿No me digas que has cambiado de idea?

-No, aún quiero ir. Pero no sé en qué terminará todo esto.

-¿Sabes? A veces pienso que sólo eres optimista en los duelos.

-¿Tú crees?

-Bueno, es hora de irme. ¿Vienes?

Yugi no tuvo que esperar una respuesta. Yami entró en la pirámide.

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-¡Buenos días! -saludó Yugi al entrar al salón. Anzu, Honda y Bakura ya estaban ahí.

-Hola -saludaron los tres.

-Hoy has venido más temprano -comentó Bakura, sonriendo-. ¿Algo en especial?

-Sí. Quiero pedirles un favor.

Mientras colocaba su maleta en la carpeta explicó la situación a los otros tres. Quienes estuvieron más que dispuestos a ayudar.

-¡No hay problema! Esto será divertido -dijo Honda muy emocionado.

-¿Qué será divertido? -preguntó Jounouchi desde la puerta.

-Esto: verte llegar temprano a la escuela -contestó Anzu, sorprendida.

-Estoy llegando temprano desde que tengo que repartir más periódicos... -se defendió Jounouchi, gruñendo.

-Jounouchi-kun, espero que también nos ayudes.

-¿Vamos a golpear a Kaiba?

-No. De hecho, vamos a convencerlo para que nos ayude -dijo Bakura desde su carpeta.

-¡¿Qué?! ¿¡Se han vuelto locos?!

-Lo que sucede es que Yami quiere entrar a la escuela y necesitamos los "métodos" de Kaiba-kun para lograrlo.

Jounouchi puso cara de no haber entendido ni jota.

-Dinero -dijeron todos, comprendiendo el poco nivel de razonamiento de Jounouchi.

-¡Ah! ¡Ya sabía! -al decir eso todos lo miran con cara de "sí, cómo no"-. Necesitamos el dinero de Kaiba para sobornar a media escuela.

-Sí, pero no creemos que sea tan fácil como eso.

-¿Por qué lo dices, Anzu? ¿Acaso no podemos golpearlo y robarle la billetera?

-Ehhhh... Preferiría una forma más civilizada -sugirió Yugi.

"A mí me gusta la idea" pensó Yami dentro de la pirámide.

-Entonces... Lo drogamos y le robamos la billetera.

-Usa la cabeza, Jounouchi -se quejó Honda-. Vamos a hacerlo como se hacía en esta escuela antes de que llegaras: hablando.

-¿Hablando? ¡Bah! Eso no sirve.

-No te sirve porque nunca lo has intentado.

-Eso no implica nada, Anzu.

Mientras veían la forma de hablar con Kaiba, Jounouchi se acercó a Yugi.

-¿De eso hablaban ayer?

-¿Eh?... No, lo de ayer era por otra cosa. No es nada serio. No te preocupes.

-Pero ahora sí tenemos que preocuparnos. Es Seto Kaiba; quién sabe qué es lo que hará cuando se lo digamos.

-¿O sea que vas a ayudar?

-¡Claro, amigo! No los dejaría solos en momentos como éste -dijo mientras se inclinaba sobre Yugi para ver de más cerca la pirámide, seguro de que Yami lo podía ver-. Ahora sólo depende de Kaiba.

En ese preciso momento Seto Kaiba entró al salón. Achicó los ojos al ver que todos estaban alrededor de la carpeta de Yugi. Y mirándolo raro. No dijo nada y se sentó.

-Creo que no está de buenas. ¿Y si lo intentamos mañana?

-No. Tenemos que hacerlo hoy. Nada nos dice que mañana venga de mejor humor.

Estaban dispuestos a hablar con él cuando la profesora entró al aula.

-¡Demonios! ¡¿Por qué eres tan puntual, Kaiba?! -se quejó Jounouchi.

Toda la clase, incluso la profesora, se quedaron mirándolo. Jounouchi se percató de que, quizás, había hablado muy fuerte.

-Lo... Lo siento, profesora. Lo que sucede es que Honda y yo habíamos hecho una apuesta. Consistía en adivinar si Kaiba llegaba a tiempo para la clase. ¿Verdad que me debes el almuerzo, Honda? -preguntó Jounouchi asestándole un pisotón a Honda.

-¡Sí, eso mismo!

-Ya, bueno. Como sea. Tomen asientos.

-Me debes una, Jounouchi.

-Era necesario. No querrás que salga mal el plan, ¿no? Así que tómalo como un sacrificio por nuestro amigo Yami.

Todos tomaron asiento. Kaiba ni siquiera se había dignado voltear cuando escuchó el grito de Jounouchi. Quiso hacerlo, pero no iba a darle el gusto. Durante toda la mañana se preguntó que planeaban. Porque sabía que planeaban algo; el hecho de sentir que todos te estuvieran observando era señal de algo. Y es que no se le podía pedir discreción a ese grupo.

La campana para el refrigerio obligó a todos los alumnos a salir volando del salón, menos a unos cuantos: a Kaiba, porque él no salía por trabajar con su laptop, y los otros por... obvias razones.

-Muy bien. Es ahora o nunca -dijo Anzu, dándole ánimos al grupo.

Yugi iba delante, seguido de muy cerca por Jounouchi y Honda. Detrás de la carpeta de Kaiba se sentaron Bakura y Anzu.

-Kaiba-kun, ¿podemos hablar? No te quitaremos mucho tiempo -dijo Yugi, muy nervioso.

-¿Sólo tú quieres hablar? -preguntó Kaiba, despegando los ojos de su portátil y lanzando una mirada rápida a los otros.

-Nosotros somos el apoyo moral, Kaiba -dijo Jounouchi.

-Queremos pedirte un favor -interrumpió Yugi. Sabía que si dejaba a Jounouchi hablar con Kaiba, se armaría una grande.

-Oh. ¿Acaso no son autosuficientes?

-No todos somos como tú. Nosotros sí tenemos una vida.

-¡Jounouchi, cállate! -gritó Honda, dándole un pisotón-. Me la debías.

Kaiba agudizó la mirada. Sabía que ellos podían solucionar sus problemas. Además que el ser amigos los hacía vulnerables, pero se daban apoyo. Podían lograr casi cualquier cosa. Kaiba torció una sonrisa al entender qué pretendían pedirle.

-¿Así que vienes como el perro arrastrado que eres a pedirme dinero? -preguntó Kaiba, mirando complacido a Jounouchi.

Jounouchi hubiera saltado al cuello de Kaiba para apretárselo de no haber sido por Honda, quien lo sujetó con fuerza.

-¡Bakura, ayúdame! -pidió Honda, sintiendo que no podía solo.

Kaiba sonrió maliciosamente. Le gustaba humillar a Jounouchi. Sabía poco, pero lo que sabía de su hermana y su operación era suficiente. De seguro, Jounouchi había gastado todo el dinero que Yugi le había dado y necesitaba más.

Yugi se sintió muy mal. Odiaba ver que alguien se burlara de sus amigos. Y no era que odiara a Kaiba; él siempre se dirigía así a Jounouchi. Sólo que se sentía culpable; Kaiba tenía que burlarse de él y no de Jounouchi.

-Te equivocas, Kaiba-kun -dijo, poniéndose entre Jounouchi (y Honda y Bakura, por ende) y Kaiba-. Yo soy el perro arrastrado que viene a pedirte dinero.

Todos se sorprendieron; no esperaban eso de Yugi. Pero comprendían que era capaz de todo por Yami.

Por su parte, Yami, de haber sabido que las cosas saldrían de esa manera, pensó que nunca le hubiera dicho a Yugi que deseaba entrar a la escuela. Así, él no tendría que humillarse. A pesar de todo, una parte de Yami se sentía bien al saber que todo eso era por él.

Yugi bajó la cabeza, esperando una respuesta. Pero Kaiba estaba tan sorprendido que no podía articular palabra alguna. No había sido su intención insultar a Yugi; a Jounouchi sí, pero a Yugi nunca. Pero, ¿cómo hubiera podido saber que era por Yugi?

-El único perro aquí es Jounouchi -dijo, casi por acto reflejo.

-¡¿Qué?! ¡Honda, Bakura, suéltenme!

-Pero... -empezó a decir Kaiba, ya acomodando sus ideas-. Me preguntaba qué los impulsó a pedirme un favor a mí.

-Eres el único, Kaiba-kun -contestó Yugi, alzando la mirada-. Nosotros podríamos hacerlo, pero nos demoraríamos mucho.

-Es para una buena causa -dijo Anzu, relajando el ambiente.

-Pretendemos sobornar al director -declaró Honda, sujetando aún a Jounouchi.

-Esto ya se está poniendo interesante -comentó Kaiba, sonriendo con malicia y cruzándose de piernas-. ¿Así que tienen un problema? ¿Y de quién fue la inteligente idea?

-Mía -contestó Yugi, algo avergonzado.

Ese día sí que lo iba a recordar de por vida. Primero Yugi le pedía dinero y ahora descubría que era para sobornar a alguien. Ahora sí que estaba interesado.

-¿Tuya? ¿Siendo tan recto? Esa clase de ideas provienen de una mente corrupta y manipuladora. Como la mía. -Kaiba hizo una pausa para ver el rostro de todos-. La idea me gusta. Pero no esperarán que les suelte el dinero así de fácil.

-Sí, eso lo sabemos -dijo Anzu, aunque el pensamiento era compartido.

-Me encargaré del soborno; ése es mi terreno. En cuanto al pago, ya veré qué es lo que deseo que hagan por mí.

Todos soltaron gritos de alegría. No había sido tan difícil como habían pensado que sería. Pero aún faltaba la parte fea. Ya se imaginaban lo que una mente corrupta y manipuladora les pediría.

-Una cosa más -comenzó a decir Kaiba-. Necesito hablar con Yugi. En privado.

-¡Claro que no! -gritó Jounouchi.

-Entonces, no hay trato.

Todos tuvieron que aceptar. Pero cuando Honda y Bakura arrastraban a Jounochi fuera del salón Kaiba habló.

-Él también cuenta -dijo, señalando con un movimiento de cabeza la pirámide que colgaba del cuello de Yugi.

Yugi dudó por un momento pero... ¿Qué podía hacer? Así no le gustara, era Kaiba quien tenía el poder en todo ese asunto. No quería alejarse de Yami; nunca lo hacía. Con un suspiro amargo, Yugi se quitó el Rompecabezas del Milenio y se lo entregó a Anzu, pidiendo que lo cuidase.

Dejaron a Kaiba solo con Yugi. Ambos podían escuchar los gritos de Jounouchi que provenían del pasillo.

-¡Maldición! ¡Ustedes dos, ya pueden soltarme! ¡Ya! ¿¡Me están escuchando?! ¡Bakura! ¡Honda!

-Bien, Kaiba-kun. ¿De qué deseas hablar?

-De nosotros.

Fin del capítulo 5