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Capítulo 4: Nada es gratis Yami calculó que tenían mucho tiempo para conversar. Era una larga caminata del club a la tienda de juegos y él aprovecharía cada paso para hablar con su aibou. -Te ves muy cansado. Tal parece que has tenido un día muy agitado. -Eh~ sí. Sólo quiero llegar a casa y dormir. -Yugi no sabía a dónde quería llegar Yami. Yami había visto todo lo que había ocurrido durante el día, pero quizás deseaba saberlo de la boca de Yugi. -Es raro que estés cansado si casi no hiciste nada, ni siquiera un duelo. Y eso que Kaiba te invitó al club. ¡Ajá! Ahí quería llegar Yami. Pero una vez que Yugi lo tuvo por cierto, no sabía qué podía decir. Pensó que quizás Yami estaba enojado por haber aceptado la invitación de Kaiba; después de todo, ambos no se querían mucho. -¿Enojado? -¿Con quién? ¿Con Kaiba? No. No podría enojarme con él -contestó, muy tenso, Yami. "¡Maldición! Ya me vendí. Ni siquiera sé si Yugi se refería a él" pensó Yami mientras analizaba lo que le acababa de decir a su Hikari. -Oh. Yo sólo decía -comentó Yugi, feliz al confirmar sus sospechas. Después de todo, Yami sí estaba enojado. -¿Acaso tú no estás enojado? -preguntó por fin Yami. Sabía perfectamente que ya había metido las cuatro; qué más daba si las seguía metiendo. -¿Enojado con Kaiba-kun? Yugi bajó la cabeza. Al recordar lo sucedido con Kaiba sintió como sus mejillas se tornaban rosadas. No quería que Yami lo viera así. Sintió un escalofrío en el cuello; sabía que Yami lo estaba mirando. Tenía que contestar rápido, pero no sabía qué podía decir. -¿Enojado con Kaiba-kun? -repitió Yugi, pero pareció que era para sí mismo-. No, creo que no estoy enojado. No tengo porqué estar enojado con él. -Oh. -¿Y tú por qué sí estás enojado con él? -¿Qué te hace pensar que estoy enojado con él? -Esa respuesta sólo me confirma que sí lo estás. -No. Claro que no. -Te conozco bien, Yami. -Quizás no lo suficiente. -Quién sabe. En ese punto ambos se dieron cuenta de que la conversación era idiota. Más bien, que ambos se estaban haciendo los idiotas. -Está bien. Quizás sí estoy algo enojado con él. -¿Puedo saber por qué? -preguntó Yugi con una sonrisa pícara en el rostro. Se sintió feliz al saber que había hecho que Yami se rindiera. Era el turno de Yami para no saber qué responder. No pretendía decirle la verdad a Yugi. Si lo hacía, ¿cómo reaccionaría su aibou? ¿Qué haría si Yugi lo alejaba de él? ¿Qué pasaría si decidieran separse? Por primera vez en su vida junto con Yugi, Yami sintió miedo. Miedo de perder a Yugi. -¿Yami? La voz de Yugi lo sacó de sus pensamientos. Miró el rostro preocupado de Yugi; era tan hermoso, lleno de vida y de inocencia. Esa inocencia que él había perdido hace mucho y que también fascinaba a Kaiba. La sola idea de perder de vista ese rostro le desgarró el alma. -No, nada, Yugi. Estoy bien. Estoy algo enojado con Kaiba porque pensé que estaba jugando contigo. -¿Que estaba jugando conmigo? -Sí. Es que podía sentir que estabas muy nervioso. Y eso lo divertía mucho. -Tienes razón en eso. Pero Kaiba-kun disfruta al poner nervioso a todos; no soy el único. No tienes que enojarte por eso. -Es que... Simplemente, no estoy acostumbrado. -Por eso te digo que vayas a la escuela. Así verías cómo se comportan todos. -Voy la escuela -corrigió, más relajado, Yami. Quería dejar todo de lado y disfrutar de la conversación. -Sí, pero vas dentro del Rompecabezas del Milenio. -¿Y? -¿Cómo que "y"? Deberías ir como un estudiante más. Como todos. No me mires así. Sabes bien que los demás van y se divierten en la escuela, o al menos la mayoría. Incluso Bakura-kun va. -Sí, claro. Mañana iré contigo a la escuela. Entraré campante al aula y me sentaré junto a ustedes para escuchar las clases. Y nadie, ni un profesor ni alumno, se preguntará quién demonios soy. -Ehhhh... -ciertamente, Yugi no había pensado en eso-. Ya pensaremos en algo. -¿Pensaremos? -Sí, todos pensaremos en la forma de meterte al cole sin que se quejen. -Claro. ¿Cómo no pensé en eso antes? Con las grandes habilidades de Jounouchi y Bakura para parlamentar, de seguro convencerán al director. Tienen grandes métodos para convencer a la gente. Yugi meditó lo que había dicho. Obviamente, se refería a Yami Bakura. Y sobre Jounouchi... Pues bien, no era como si todos los alumnos tuvieran altas calificaciones en disciplina. Quizás Anzu y Honda. O también... -¡Kaiba-kun! -gritó Yugi, como si acabara de descubrir la cura para el cáncer. -¿Qué? -preguntó Yami; no le agradaba el sujeto y menos ahora. Y no soportaba que Yugi hablara de él. Esos celos lo estaban matando. -Kaiba-kun podría ayudarnos mucho. -¿Y qué hará? ¿Cómo va a convencer al director para qu...? Yami comprendió a lo que se refería Yugi antes de terminar la frase. Kaiba era el presidente de Kaiba Corp. Tenía lo suficiente como para sobornar a medio Japón y a la otra mitad... también. -Yugi. No me imaginaba que fueras a sugerir algo así. -Bueno... -Yugi desvió la mirada-. Si esa es la única manera para que entres... Yami sonrió. Nunca pensó que Yugi sugiriera sobornar a alguien. Pero ahora que sabía que lo decía sólo por él, se sintió más que feliz. La alegría no le duró mucho al pensar en lo que diría Kaiba. De seguro, Kaiba no estaba dispuesto a ayudar con su bolsillo si es que no recibía nada a cambio. -Olvídalo, Yugi. Kaiba no nos ayudará. -Lo hará. -¿Cómo estás seguro? -Lo convenceré. Verás que lo logro -desafió Yugi, muy decidido. -¿Estás seguro? -Sí. Te he pedido que entres a la escuela y ahora que por fin aceptas, haré todo lo posible para que así sea. Yami suspiró con amargura. Sabía que no haría cambiar de idea a su Hikari. Ahora lo que le preocupaba era saber qué podría pedir Kaiba a cambio. Seto Kaiba era la clase de persona que no hacía nada por nadie, a no ser que él se beneficiara de alguna manera. O que esa persona fuera Mokuba, claro. Fin del capítulo 4 |