|
Capítulo 15: 215 de I.Q. -¿Irás? -Iremos -corrigió Yugi, saliendo del baño-. Tenemos que ir a la escuela. -¿Seguro que estás bien? -Sí. -¿Seguro? -Sí. -Yugi, ¿estás ...? -¡Que sí! -Ya, no te enojes. -Me sacas de quicio. -Gracias -dijo, sonriendo, Yami-. ¿Podemos repetir lo de anoche? Al escuchar eso, Yugi se puso muy rojo. Yami se rio al verlo así. -No lo creo. ¿Qué dirá mi pareja? -preguntó Yugi, sonriendo. -Tu pareja puede irse al carajo. -Bueno, como digas. Pero, ¿qué le diré? -La verdad -contestó Yami, levantándose de la cama. -¡Claro! ¡Cómo no pensé en eso! -dijo Yugi, emocionado-. "Kaiba-kun, ayer dormí con Yami. Espero que no te moleste. Prometo dedicarte más tiempo la próxima vez." ¿Cómo no lo pensé? ¡Eres un genio, Yami! -¿Ves? No va a ser difícil. -No pienso decirle eso, Yami. -¿Por qué no? Tiene un I.Q. de 215 (1). Creo que podrá entenderlo. -Sí, pero ¿qué pasará contigo? Ése era el trato. Pero, por otra parte, no creo que tengas que irte. Ya sobornó al director. -No te preocupes tanto, Yugi. Sólo tienes que usar tu gran sinceridad y decírselo. -No pienso hacer eso. -¿No podrás, Yugi? -preguntó Yami, muy triste. -No, lo siento. -Yo sí puedo -dijo Yami. -Pero tú no eres su pareja. -¿Y? -Será mejor que bajemos para desayunar -comentó Yugi, dando un suspiro. -Termina de alistar tus cosas. Iré haciendo el desayuno. -Sí, gracias. Yami salió del cuarto. Yugi se dirigió al escritorio para meter los cuadernos a la maleta. Abrió el primer cajón y se encontró con las cartas de Kaiba. Sonrió al verlas. Cogió una y la leyó. "La estupidez no es algo con lo que nacemos, pero algunos saben cómo desarrollarla. Deberías pasar más tiempo conmigo y no con él. Puede que termine achicándote el cerebro." -¿Tienes que referirte siempre así, Kaiba-kun? Jounouchi es una buena persona. Quizás algún día te des cuenta de ello. Yugi leyó varias cartas. Todas eran parecidas. Se podía percibir arrogancia en ellas, con lo que se notaba que eran de Kaiba. ¿Cómo era que nunca se había dado cuenta? Kaiba. Yugi no tenía ni la más mínima idea de cómo decírselo. Momentito. Acaso Yugi tenía que decirle algo. Eran pareja, pero sólo para darle un gusto a Kaiba. Quizás Yugi se estaba tomando muy en serio eso. Pero luego comenzó a pensar en Kaiba. ¿Qué si Kaiba sí sentía algo por él? Yugi se había estado haciendo a la idea de que Kaiba lo hacía sólo para molestarlo, a él y a sus amigos. A pesar de que había tratado de besarlo. Pero, ¿y si era verdad? Yugi no soportaría la idea de lastimar así a Kaiba. -¿Lastimarlo? -Yugi se repitió esa palabra varias veces hasta que lo recordó. El día en que había descubierto que era Kaiba quien le escribía las cartas, Mokuba le había pedido que no lastimara a Kaiba. Acaso se defería a eso. Acaso Mokuba ya lo sabía. Yugi se cogió la cabeza. Le había prometido a Mokuba no lastimar a su hermano. Pero, por otra parte, no quería fingir que no pasaba nada entre Yami y él. De todas maneras, alguien resultaría herido. Yami ya se estaba preocupando. Cuando decidió ir a ver que pasaba con su aibou, Yugi entró en la cocina. -¿Qué pasa? ¿Por qué te demoraste tanto? -Estaba leyendo las cartas de Kaiba-kun -contestó distraído mientras tomaba asiento. -¿Y eso por qué? -Estaba pensando en él -dijo Yugi, tomando su vaso de leche. Estaba tan distraído que no notó la expresión en el rostro de Yami, quien se estaba ahogando en celos. ¿Cómo podía Yugi pensar en Kaiba después de lo que habían hecho la noche pasada? -Toma despacio; aún tenemos tiempo. -... -Iré por mis cosas -informó Yami, saliendo de la cocina. Poco tiempo después volvió a entrar en la cocina y Yugi seguía con el vaso de leche en las manos, aunque estaba vacío. -Podemos irnos -comentó el espíritu, sonriendo. -... -¡Deja de pensar en él! Yugi salió de sus pensamientos gracias al grito de Yami. -¿Yami? -Deja de pensar en él -repitió algo más calmado al recuperar la atención de Yugi. -Es que no puedo. -Esta vez Yugi sí se percató de la expresión de Yami. Definitivamente, no le agradaba saber que Yugi pensaba en Kaiba-. Es que... ¿Qué le voy a decir? Yami, no quiero lastimarlo. -Lo sé, Yugi. Yo tampoco. Yugi levantó la vista para mirarlo a los ojos. -Está bien, quizás sí quiero. Pero lo que trato de decirte es que será mejor decírselo ahora. Será más difícil si dejas correr el tiempo. "Y cuanto más rápido se lo digas, más rápido se larga de nuestras vidas" pensó Yami con una sonrisita maliciosa. -Tienes razón, Yami. Se lo diré hoy -dijo Yugi, poniéndose de pie. -¿Puedo estar presente cuando se lo digas? -No. Yami y Yugi salieron de la casa y comenzaron a caminar calle abajo. Cuando llegaron a la escuela, todos volteaban para verlos. Yugi ya era conocido, y después de que se había presentado en la escuela con un hermano (aunque parecían gemelos), su popularidad había subido aún más. No tanto como la de Kaiba, pero había subido. -Hola, chicos -saludó Yugi al entrar en el salón. -Buenos días -dijeron Anzu, Honda y Jounouchi a la vez. Yami sólo hizo un movimiento con la mano. Pasó de largo para sentarse en su carpeta. Al pasar junto a la de Bakura, se percató de que estaba dormido. "Seguro que Yami Bakura salió a divertirse anoche" pensó mientras se sentaba. -¿Jounouchi, te encuentras bien? Verás, no tienes buen aspecto. -Y tú eres una belleza, Yugi. Estoy bien. Sólo estuve pensando. -Con razón esa cara. La primera vez siempre duele -comentó Kaiba, que acababa de entrar. -Kaiba-kun, buenos días -saludó Yugi, como siempre. Kaiba los miró unos segundos antes de sentarse. Como siempre. -¡Ese maldito malnacido! -¡Ya cállate! -le dijo Anzu mientras Honda lo golpeaba en la cabeza. -¡¿Y se hacen llamar mis amigos?! ¿Dejarán que se burle de mí? -Sí -contestó simplemente Honda. Kaiba trataba de ignorar los gritos de Jounouchi, pero era casi imposible, incluso para Seto Kaiba. Sacó su laptop; cuando la abrió vio por el reflejo de la pantalla apagada cómo Yami, a unas carpetas más atrás, le levantaba el dedo medio. Kaiba torció una sonrisa al verlo. Estaba seguro de que Yami podría ver su sonrisa reflejada en la pantalla. La profesora entró y todos regresaron a su asientos. Honda pateó la pata de la carpeta de Bakura para que despertara, y justo a tiempo porque la profesora estaba a punto de llamarlo. Las horas pasaban más rápidas que el día anterior, o eso le parecía a Yami. Cada vez que miraba a Kaiba, una sonrisita despiadada se formaba en sus labios. Disfrutaba imaginándose la cara que pondría Kaiba cuando se enterara. Por fin, la campana que anunciaba el refrigerio sonó. Los amigos de toda la vida, más Kaiba, seguían en el salón. -¿Podrían dejarnos solos? -preguntó Yugi. Todos miraron a Yugi y después a Yami. -Dejémoslos solos -dijo Yami. Todos salieron del salón. Kaiba seguía tecleando, indiferente a cualquier evento. Yugi se acercó a él. Kaiba lo vio por el reflejo de la pantalla y cambió su atención de su laptop a Yugi. -Quiero hablar contigo, Kaiba-kun. -Como quieras -dijo Kaiba, con un aire relajado. Notó que Yami estaba en el quicio de la puerta. -Pensé que dijiste que nos dejarían solos. Eso quiere decir, Yugi y yo -dijo Kaiba, mirándolo. A Yami no le gustó el tono que usó. Como si estuviera explicándoselo a un niño de 5 años. -¿Sí? ¿Yo dije eso? No lo recuerdo. -Propio de ti. Ni siquiera recuerdas que fuiste faraón. Yami le dedicó una de sus mejores miradas; de haber sido otro, habría caído muerto con sólo verlo. Pero era Seto Kaiba. Kaiba meditó la actitud de Yami. Él no era así. Un simple comentario como ése bastaba para que lo insultara. Kaiba recordó que Yami había estado relativamente calmado. De vez en cuando, cuando desviaba la mirada, había visto a Yami observándolo, pero de una forma diferente. No como para matarlo, como generalmente lo hacía, sino con ¿placer? -Yami, por favor. Yami miró a Yugi y luego salió del salón, no sin antes dedicarle una dulce sonrisa a Kaiba. Era demasiado. Yami planeaba algo. El día anterior casi lo había matado por ir a tomar café. Y ese día Yami se retiraba para dejarlo hablar a solas con Yugi. Algo andaba mal. -Kaiba-kun, quería hablar sobre el trato. Kaiba sonrió para él mismo. Haciendo gala de sus 215 puntos de I.Q. descubrió en el acto el porqué de la actitud de Yami. Todo conectaba; la actitud de Yami y su creciente odio hacia él, el cual había aumentado considerablemente. Así que el pequeño jueguito de Kaiba había logrado que Yami y Yugi terminaran más abrazados que como los había dejado en la puerta el día anterior. -Si el trato se rompe, Yami se larga. -Lo sé. Claro que lo sabía, ambos lo sabían. Pero si era así, ¿por qué estaba tan tranquilo? Se suponía que había hecho ese trato porque se sentía atraído por Yugi. Entonces, ¿por qué estaba tan tranquilo? Yami y Yugi habían dormido juntos. ¿Y él estaba tan relajado? -¿A qué te refieres, entonces? -preguntó Kaiba. Conocía la respuesta, pero disfrutaba haciendo sufrir a Yugi fingiendo no saber nada. Yugi alzó la mirada; esos brillantes ojos morados, transmitían tanta inocencia. "¿Qué pensará Mokuba si me viera? Supongo que no le haría gracia que esté haciéndole esto a Yugi" pensó, desviando la mirada de la de Yugi. ¡Momento! ¿Por qué cada vez que estaba con Yugi pensaba en Mokuba? Incluso cuando lo había ayudado con las bolsas, lo había hecho porque había pensado en Mokuba y el ejemplo que tenía que darle. Kaiba cayó en la cuenta de que Yugi Mutou le recordaba, en cierto modo, a su hermano. Soltó una risita que luego se transformó en una carcajada. -¿Kaiba-kun? -Lo siento -dijo, más tranquilo-. ¿Qué hay con el trato? ¿Acaso alguien como Seto Kaiba había confundido sus sentimientos? ¿Cómo era posible que el CEO más joven del país, quizás del mundo, hubiera cometido un error así? El único sentimiento que tenía y mostraba era solamente para su hermano. ¿Había confundido un amor de hermanos con Yugi? Esa idea hubiera hecho que Kaiba se doblara de risa. Pero no lo hizo; tenía una imagen que mantener. Era Seto Kaiba. Tan sólo rio. -Lo que sucede... -Yugi no tenía ni idea de cómo decírselo. Al ver lo difícil que le era a Yugi decirlo, a Kaiba lo embargó un poco de comprensión. -El hecho que estés con Yami no quiere decir que el trato esté roto. Yugi abrió la boca pero no emitió sonido alguno, al menos, no uno que Kaiba hubiera captado. -¿Kaiba-kun, cómo...? -A Yugi se le cortó la voz. -No me gusta deshacer tratos -explicó el CEO. -¿Seguro que no tienes problemas con eso? -se atrevió a preguntar Yugi, ya más tranquilo. -¿Problemas? ¿Con ustedes? -Kaiba soltó una pequeña risa-. Haz lo que quieras con Yami; no me importa. Pero sigues siendo mi pareja. A Kaiba ya no le interesaba el trato, pero tenía una imagen que mantener. No estaba en sus planes decirle a Yugi que todo eso había sido por un error suyo. Que Seto Kaiba se había equivocado. No, no le daría el placer. En especial, a Yami. Por otra parte, continuaría con un juego sólo para disfrutar jodiéndole la paciencia a Yami. Quizás Mokuba tenía razón; quizás era más que un capricho el querer desquiciarlo. -Un trato es un trato -afirmó Yugi, sonriendo. Yugi pensó que, después de todo, Kaiba sólo lo hacía para molestarlos. Y no le importó. Qué lejos estaba de la verdad. Pero ¿a quién le importaba? Kaiba lo miró sonreír; le recordó a Mokuba. Se dio cuenta de que cada vez que miraba a Yugi, por alguna razón, Mokuba entraba en su genial cabeza. "Se reirá cuando lo sepa" se dijo a sí mismo antes de reírse. Yami abrió la puerta; no aguantaba la espera. Quería ser el primero en ver la cara de Kaiba después de saber la verdad. Pero en cambio, había estado escuchando que Kaiba se ¿reía? No podía ser. Kaiba no podía reír. Los músculos se le atoraban antes de poder formar una sonrisa a menos, claro, que fuera una de sus patentadas sonrisas maliciosas. ¿Cómo podía reír? Y en una situación como ésa. Así que cuando Yami entró y vio a Kaiba reírse, sintió que el colegio se venía abajo. Kaiba cerró su laptop. Salió del salón con una sonrisa entre macabra y llena de placer. Al pasar junto a Yami le susurró: -Cuida de mi pareja mientras no estoy. Después de mucho, mucho tiempo, Yami se atrevió a hablar. -¿Qué le dijiste? -La verdad. -¿Qué verdad? -Pues, la única que hay. Que nosotros ayer, bueno... A decir verdad, no se lo dije: él ya lo sabía. -¡¿Ya lo sabía?! Y... ¿¡Qué hizo?! -Se rio. Después de unos minutos, ambos seguían ahí sin poder asimilarlo. -No entiendo. -Yo tampoco. Fin del capítulo 15 |