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Capítulo 14: Premio al mejor amante del siglo Subía las escaleras con una bandeja. Se detuvo frente a la puerta de su aibou. ya habían pasado varias horas y Yugi no mostraba signos de vida. Yami tocó con pequeños golpesitos la puerta. Como tenía las manos ocupadas con la bandeja, estaba tocando con la frente. -¿Yugi? ¿Puedo entrar? Yami no escuchó respuesta, pero no se preocupó, sabía que eso pasaría. Dejó la bandeja en el suelo, abrió la puerta y volvió a coger la bandeja. Entró en el cuarto y cerró la puerta en un sonido suave. Yugi estaba bajo las sábanas de su cama. Yami lo miró y fue de frente al escritorio para dejar la bandeja. -Necesitas comer. Un silencio insoportable domino la habitación. ¿Qué clase de persona era él? Sugoroku no estaba y le había encargado a Yami la sagrada misión de cuidar de su nieto. ¿Y qué había hecho? Yami se sentía como un idiota. Quizás porque lo era. Quien sabe. -Prácticamente no has comido nada en todo el día. No quiero obligarte, pero si continuas ignorándome, lo haré -dijo Yami con un tono cariñoso en el fondo. Yugi no respondió. Estaba muy confundido cómo para decir algo. Yami se estaba desesperando. Había pasado varios miles de años sellado en el Rompecabezas del Milenio y un simple chico lo estaba volviendo loco. Si no escuchaba de voz de Yugi se lanzaría por la ventana. -Lo siento -dijo acercándose a la cama-. No debí hacerlo. Para sorpresa de Yami, Yugi giró sobre la cama para verlo de frente. -¿Quieres decir que fue un error? ¿Qué demonios significaba esa pregunta? Yami estaba congelado, no sabía qué contestar porque no entendía la pregunta y no se atrevía a cuestionar a Yugi. Yugi tenía que saber la respuesta, pero Yami no decía nada. Se estaba desesperando. Sentía algo especial por el espíritu del Rompecabezas, pero él solo veía en Yugi un compañero, un amigo. A Yugi le parecía que Yami también sentía lo mismo. Pero ¿cómo saberlo? Yugi a penas se había percatado de sus sentimientos cuando Kaiba comenzó a mandarle cartas. Sólo cuando alguien se interesó en él se dio cuenta que quería a Yami. Pero ¿y Yami? Ese día. Ese mismo día, Yami había actuado tan raro y todo por Kaiba. -Yami, contesta. Yugi tenía que saber en ese momento que pasaba por la cabeza de Yami. Tenía que saber si la actitud de ese día era por celos. Pensar en eso le daba esperanzas a Yugi pero, cuando lo besó sintió que Yami lo hizo sólo por coraje. Porque le había nacido hacerlo. -¡Yami! -gritó Yugi quitándose las sábanas y sentándose en la cama. -¡No sé qué es lo que quieres que te diga! -dijo Yami mirándolo a los ojos-. No fue un error porque lo deseaba pero tú no, y ese quizás sí sea un error. Yugi, no sé que hice. No sé que responderte. Yugi abrió los ojos de par en par. Eso era todo lo que necesitaba escuchar para decirle a Yami lo mucho que lo quería. Era lo único que necesitaba para confirmar lo que sentía por Yami. -Entonces no fue un error. -¿... Yugi... ? -Yo también lo quise. Cuatro. Yami nunca imaginó que cuatro miserables palabras lo harían tan feliz. Abrazó a Yugi sin poder contenerse. Y Yugi, le respondió de igual manera. Después de unos segundos se separaron. Yami deseaba ver el rostro de Yugi, quería perderse en aquellos ojos, quería admirar sus labios. -¿Tengo que pedirte permiso, de nuevo? -No, tú no. Yami cogió a Yugi por las mejillas y acercó sus labios hacia los de él. Lentamente introdujo su lengua en la boca de su aibou. Para su sorpresa Yugi comenzó a jugar con su lengua. La emoción hizo que tomase aire, el aire de Yugi. Rápidamente se separó de él para que pudiera respirar. -Lo siento -se disculpó viendo a Yugi jadear por oxígeno. -No importa. Yami recostó a Yugi sobre la cama. Cogió las manos de Yugi y lo obligó a ponerlas al rededor de su cuello. -¿Seguro...? Yami no pudo terminar su pregunta, Yugi apretó sus manos detrás del cuello de Yami y lo jaló hacia él, obligándolo a besarlo. El movimiento sorprendió a Yami, pero no se opuso. Yami dejó los labios de Yugi para dedicarse a su cuello. Yugi no se había quitado el uniforme. Aún tenía la correa al rededor del cuello. Con el primer beso, a Yami se le dificultó besarle el cuello teniéndola de por medio, pero muy pronto dejaría de ser un problema. Yami dejó de besar el cuello de Yugi para morder la correa y comenzar a sacársela con los dientes. Cuando terminó botó la correa al suelo, no la necesitaría. -¿Vas a hacer eso con todas? -preguntó Yugi sonrojado. -Siempre quise hacer eso -respondió Yami sonriendo con malicia-. ¿Te molesta? -Claro que no. -¿Sabes, Yugi? Te vistes... Muy bien. -comentó Yami con una mirada llena de lujuria mientras besaba su cuello y bajaba cada vez más. -Es... Porque me gusta vestir así. No era mi intensión parecer... -Yugi no pudo decir la última palabra. -No te preocupes, no he escuchado que alguien se queje -comentó Yami abriéndole la camisa. Yugi emitió un pequeño gemido cuando sintió las manos de Yami sobre su pecho. Sus manos acariciaban todo su torso, como tratando de hacer un mapa mental de su cuerpo. Yami comenzaba a besar su pecho y bajar sus manos hasta las caderas de Yugi. Yami sintió como la respiración de Yugi se agitaba cada vez más, pero no le prestó demasiada atención hasta que dejó de sentir sus manos al rededor de su cuello. Dejó lo que estaba haciendo y alzó la mirada buscando la de Yugi, pero éste estaba de perfil y tenía medio rostro escondido entre las sábanas. -¿Yugi? ¿Te encuentras bien? -preguntó Yami preocupado. Luego de unos segundos Yami comprendió lo que pasaba. Volteó para mirar el escritorio, su vista se detuvo en el vaso de leche sobre la bandeja. -Necesitas comer algo. -No... estoy bien -dijo Yugi mirándolo. Yugi sabía lo mucho que Yami deseaba ese momento, quizás más que él. No quería que se detenga por su culpa. Yami no le hizo caso y se levantó de la cama. Yugi se sentó en ella y esperó que Yami regresara con la bandeja de comida. -Ten -dijo Yami dándose el vaso de leche. -Gracias. Yami observó como Yugi cogía el vaso con ambas manos y cómo tomaba pequeños sorbos. Eso le recordó horriblemente a Kaiba. -Resultaste ser un pésimo amante -comentó Yami sonriendo-. Al menos para Kaiba. Yami observó pacientemente como Yugi terminaba de comer. Una vez que Yugi terminara, Yami podría darle el postre. Fin del capítulo 14 |