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Capítulo 13: En la tercera etapa Era una sensación extraña. Se sentía algo raro. Raro, pero no fuera de lugar. Alguien como él podía encajar en cualquier lugar y adecuarse a cualquier situación si quería. Pero era algo fuera de lo común que fuera a casa caminando. Se podría decir que casi había olvidado el uso que le daban los humanos comunes a las piernas. Movilizarse en limosinas, helicópteros, dirigibles, etc., le habían hecho olvidar, en parte, lo relajante que era caminar. ¿Hace cuánto tiempo que no hacía una caminata? ¿Hace cuánto tiempo que no trataba de relajarse? ¿Hace cuánto tiempo que no se tomaba tiempo para él? ¿Cuándo había dejado de preocuparse por él? ¿Por qué no podía tener preocupaciones más mundanas? La respuesta era obvia. La única respuesta que era capaz de resolver todas las interrogantes de Seto Kaiba se resumía en una palabra: Mokuba. Todo lo que había hecho en su maldita vida era por su hermano. Todo lo que había logrado, todo lo que tenía, era gracias a su hermano. Seto tenía tiempo para llegar a casa antes de las siete. De seguro Mokuba estaba preocupado. Seto se divertía imaginando el rostro que habría puesto Mokuba al ver llegar la limosina temprano y sin él. Quizás le habría gritado al chofer. No, Mokuba no podría hacer eso. Seto sí, pero él nunca. Seto se detuvo y miró al cielo ya oscuro. Definitivamente la casa de Yugi estaba algo lejos de la de él. Quiso terminar su caminata, pero si lo hacía no llegaría a tiempo para comer con Mokuba. Se colocó a un lado de la calle. No tuvo que esperar mucho; un taxi se detuvo junto a él. Seto sonrió con malicia. Le gustaban las cosas en Dominó. Un poco de poder y dinero y podías conseguir lo que quisieras. Subió al taxi y se dirigió a casa. Ni bien entró en el gran hall pudo escuchar pasos apresurados que se acercaban. -¡Nii-sama! -¿Qué pasa, Mokuba? Sabes que siempre llego a esta hora. -Sí, pero con la limosina ¿Dónde estuviste? "¿Dónde estuve? o ¿Qué estuve haciendo?" pensó Kaiba con malicia. No estaba dispuesto a pasar por un interrogatorio; tenía derecho de hacer lo que quisiera con quien quisiera. Pero era Mokuba quien preguntaba. No importaba la respuesta, Kaiba siempre se la decía. -En casa de Yugi Mutou -respondió, caminando hacia el comedor. -¿En casa de Yugi? -Mokuba repitió las palabras como buscando un error en ellas-. ¿Fuiste a casa de Yugi? Kaiba se detuvo y volvió para observar a su hermano y asentir con un movimiento de cabeza. -¡¿Y no me llevaste!? Mokuba lo agarró desprevenido. No se lo esperaba. Tampoco esperaba que Mokuba se enojara por eso. Después de todo, Mokuba era amigo de Yugi. Entonces, ¿qué esperaba Kaiba? ¿qué esperaba que dijera Mokuba? -¿Y volverás a ir? -preguntó el más pequeño, emocionado casi hasta las lágrimas. Kaiba meditó unos segundos su respuesta. -Si me divierto tanto como hoy, iré muchas veces -dijo mientras seguía con su camino. -¿A qué te refieres? ¡Nii-sama! ¡Espérame! ¿Qué han hecho? ¡Cuéntame, cuéntame, cuéntame! -gritaba Mokuba, corriendo detrás de él. -¡Hice una idiotez! -gritó Jounouchi al llegar a su casa. Estaba sudando; había corrido mucho. Con eso quería despejar su mente pero sólo había logrado cansarse. "¿¡En qué demonios estabas pensando?!" se gritó mientras se tiraba en la alfombra de la sala. Sabía muy bien que muchas de las cosas que pasaban no podía entenderlas. No entendía las clases de la escuela; bueno, no era como si les prestara demasiada atención. No como Kaiba, que ni siquiera parecía estar en el salón. Ya ni sabía porqué se molestaba en ir. Ni qué hablar de su más reciente problema existencial: no comprendía porqué en algunos ejercicios de física la gravedad variaba de 10 a 9,8. No entendía cómo alguien tan inteligente como su hermana se estuviera interesando en alguien tan idiota como Honda. Era algo así como pensar en Kaiba con Yugi. Tampoco entendía cómo alguien tan guapo como él no tenía novia aún. Incluso Kaiba tenía, SETO KAIBA. Pero no era una "novia" exactamente. No le entraba en esa cabezota rubia cómo había ido a para a casa de Yugi. Y específicamente, cómo era que había ido a interrumpirlos. No era su asunto. Pero no había soportado ver a Kaiba y a Yugi a punto de besarse. -¡Debí verme como un idiota! -se repetía una y otra vez como teniendo miedo de olvidarlo. Pensar tanto lo estaba afectando. "Primero el colegio y Kaiba creyéndose lo máximo. Mi hermana con el idiota Honda y Yugi con Kaiba. Yugi y Kaiba a punto de besarse y yo interrumpiendo porque no aguantaba los celos. ¡¿Y por qué mierda no dejo de repetir el maldito nombre de Kaiba!?" Después de un largo rato de gritos y golpes contra la alfombra, Jounouchi parecía empezar a tranquilizarse. Estaba tendido sobre la alfombra gritando como el imbécil que era. Pero de entre la sarta de idioteces que había pensado, algo lo había asustado. ¿Acaso había pensando en celos? ¿Acaso había interrumpido por celos? No. Alguien como él no tenía porqué sentir celos de Yugi. "¡Momento! ¿¡Yugi?! ¿¡Estoy sintiendo celos de Yugi?!" la sola idea lo tenía fuera de sí. Una neurona, quizás la única que le sobrevivía después de tan intensa meditación, comenzó a moverse y a crear una hipótesis escalofriante: Él había interrumpido la cuestión por celos. Estaba celoso de Yugi. Y si estaba celoso de Yugi quería decir que era porque le gustaba Kaiba. -Tranquilo, sólo es momentáneo -contestó Kaiba. Ya estaban sentados a la mesa comiendo, o al menos Mokuba, quien sí comía. -¿Por qué lo dices, hermano? -Porque quizás encuentre algo más interesante qué hacer. Pero por ahora, es lo más divertido que tengo. -¿Estás seguro? ¿Qué pasa si es más que un capricho tuyo, nii-sama? -No hay nada que me interese más que un capricho. -A excepción de Mokuba, claro. -Puede que ahora pienses que es un capricho, pero ¿ y si no lo es? Kaiba levantó una ceja y miró directamente a los ojos de Mokuba. -¿A dónde quieres llegar? -Quiero decir que, quizás, te esté gustando. Kaiba se quedó frío un par de segundos. Después de todo, era Seto Kaiba. Se necesitaba poco menos que una bomba nuclear para desconcentrar a Seto Kaiba . -Quizás por fin decidas aceptar la amistad de Yugi -se apresuró a decir Mokuba. ¿Amistad? Así que el interés que insinuaba Mokuba era eso. Menudas ideas cruzaron por la genial mente de Kaiba. -Quizás. Quién sabe. -¿Acaso no deseas tener amigos, nii-sama? -preguntó Mokuba. Pero él ya sabía la respuesta. Y sabía lo que diría su hermano. La respuesta que había escuchado todos esos años. -Lo sabes, Mokuba. No necesito amigos. -¡Lo que necesito es meterme un tiro! -gritó Jounouchi, cogiéndose la cabeza-. ¡¿Katsuya Jounouchi, cómo puedes pensar algo así?! ¿¡Dónde está Yugi cuándo lo necesito?! ¡De seguro el Rompecabezas del Milenio sí me atravesaría el cerebro! -Al parecer Jounouchi era el único que veía al Rompecabezas del Milenio como arma mortal. Jounouchi había pasado a la tercera etapa. La primera etapa consistía en confusión y múltiples preguntas. La segunda en una calma relativa y formación de hipótesis. Y la tercera en desesperación e histeria. Recién la cuarta era aceptación de la hipótesis. Pero como iba Jounouchi, le faltaba mucho para llegar. Hasta parecía que se quedaría en la tercera. No lo asimilaba. O más bien, no quería asimilarlo. Seto Kaiba era el sujeto más despreciable de esa parte de la galaxia desde su punto de vista. Era pedante, arrogante, había basado el edificio de Kaiba Corp. teniendo en cuenta el tamaño de su ego, se creía más que el resto, era narcisista y, en especial, lo trataba como perro. ¿Cómo iba a gustarle alguien así? De todas las personas sobre la tierra, Seto Kaiba estaba muy por debajo de la última alternativa de Jounouchi. ¿Por qué él? ¿Por qué Seto Kaiba? ¿Cómo había llegado a caer tan bajo? ¿Cómo podía sentirse atraído por el pedante más grande en la historia de la humanidad? Jounouchi pensó que con todo el dinero que tenía Kaiba, fácilmente podía cambiar la historia. Podía hacer que el mundo girara en contra. Pero, definitivamente, lo mejor que tenía Kaiba no eran sus miles de millones, sino él mismo. Era inteligente, manipulador y todo lo hacía con malicia. No sólo eso; también era guapo. Su delgada, esbelta y seductora figura hablaba sola. Kaiba podía ser un hijo de la grandísima pero sabía còmo vestir; esos trajes que usaba, las correas y en especial sus gabardinas hacían resaltar al máximo su figura. Era perfecto, a no ser por el gracioso y carismático carácter que se mandaba. ¡¿En qué demonios pensaba?! Jounouchi estaba muy pálido. Había pensado en lo perfecto que era Kaiba. ¡Había estado analizando a Kaiba como al sujeto más deseable de toda la historia! De un momento para otro el corazón de Jounouchi se detendría y su cerebro dejaría de mandarle órdenes a su cuerpo. Era más de lo que cualquier humano podía soportar. Las únicas palabras que seguían resonando en su cabezota eran las dos que más odiaba: SETO KAIBA. Jounouchi quiso desconectarse de la realidad, quería dejar de escuchar esas palabras. Luego de un rato empezó a escuchar: KAIBA SETO. Lo cual lo desesperó aún más, si eso era posible. Por más que intentaba, no podía alejar al maldito imbécil de su cabeza. Jounouchi tragó saliva, cerró los ojos y apretó los puños con fuerza. -¡Maldita sea!... Me estoy enamorando de ese imbécil. -Duele pensar en eso, ¿no? -preguntó Mokuba, jugando con su comida-. Porque si no doliera lo pensarías más. -No se necesita pensar mucho. Simplemente, no los necesito. -"Te tengo a ti" pensó Kaiba, cerrando los ojos ligeramente. "Nii-sama. Yo te tengo a ti. Pero también tengo amigos. Quiero que tú también los tengas" pensaba Mokuba, distraído. -Mokuba. -¿Eh? -Cómete eso. -¿A Yugi? -se decía Jounouchi, ya más tranquilo-. ¡Claro que no se lo diré! Es más, no se lo diré a nadie. ¿Qué pensarán de mí? Si Kaiba es el idiota más grande, ¿yo qué soy? -Jounouchi se repetía esa pregunta una y otra vez-. Si Kaiba es el idiota, ¿por qué soy yo el que está hablando solo? ¡Caray! Siento algo raro, y ya tengo demasiado miedo como para intentar descubrir qué es. -Es una zanahoria. -Sí, eso lo sé. -Entonces, ¿por qué no te la comes? -preguntó Kaiba, mirando el plato de Mokuba. -No me gusta. -La idea no es que si te gusta o no. Te hace bien. Ayer olvidé decirte que te comieras tus verduras. No volverá a pasar. -¿Dices que tengo que hacerlo así no me guste? -preguntó Mokuba, sonriendo. -Sí -respondió Kaiba, intrigado por el cambio de actitud de Mokuba. Se estaba oliendo algo. -Entonces tienes que tener amigos, así no te guste -dijo Mokuba, radiante-. Si tienes amigos, pueden ayudarse... -Mokuba pensó en los términos adecuados-. Puedes utilizarlos para mejorar en Duelo de Monstruos, en probar prototipos de juegos y hasta puedes divertirte con ellos. Kaiba torció una sonrisa; Mokuba era muy bueno argumentando. Quizás había prendido de él. Pero eso no era suficiente como para hacer que tuviera amigos; no era tan fácil. Admiraba a Mokuba porque nunca se rendía. Desde que recordaba, Mokuba le había pedido que tenga amigos. Y él nunca le había hecho caso. Las esperanzas de Mokuba nunca se acababan. -Ya te lo dije, Mokuba. No los necesito. Kaiba terminó la conversación y se retiró, dejando a un Mokuba pensativo. Así siempre terminaban las conversaciones cuando el pequeño sacaba el tema. Cogió el tenedor y comenzó a comerse la zanahoria. "No me rendir" se dijo, muy decidido. -Me rindo -dijo Jounouchi con resignación-. Estoy enamorado de él y no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Y así, contra todo pronóstico, Katsuya Jounouchi había llegado a la cuarta etapa antes de que terminara el día. Fin del capítulo 13 |