Smells like teen spirits

Capítulo 12: Es sólo una palabra

Ambos se quedaron buen rato en la puerta.

-Yami... Ya puedes soltarme -dijo Yugi, sonrojado.

-¿Qué?

Yami recién caía en la cuenta que seguía abrazando a Yugi. Lo soltó y Yugi entró en la casa. Su espíritu lo siguió, con un par de preguntas en la cabeza.

-¿Por qué me pediste que te soltara? -preguntó antes de que Yugi se dirigiera a recoger la taza de Kaiba-. A Kaiba no se lo pediste.

Yugi no entendió del todo la pregunta de Yami. Después de todo, se había pasado todo el día cuestionándolo. Se había comportado más raro con la llegada de Kaiba. Y acababa de recordar que incluso había llamado a Jounouchi. ¿Acaso no le había dicho que tenía trabajo qué hacer en la escuela? Yugi no tenía porqué darle explicaciones a Yami. Yugi ya estaba cansado de la actitud de Yami, de que le estuviera cuestionando todo.

-¡¿Qué es lo que molesta, exactamente?!

-¡¿Por qué actúas así?!

-¡¿Así, cómo?! - Yugi ya estaba demasiado molesto como para meditar lo que ocurría. Además, ¿qué quería decir Yami con eso? Si era él quien actuaba raro-. ¡Puedo hacer lo que quiera!

-¡Claro que puedes! ¡Puedes besar a Kaiba si quieres! ¡Total, son pareja; él si tiene permiso ¿no?!

-¡Claro! ¡Yo le puedo dar permiso a él si quiero! ¡A cualquiera si me da la gana!

-¡De seguro, todos menos yo!

-¡Quizás porque no me lo has pedido!

-¿¡Quieres que te pida permiso?!

-¡Haz lo que quieras!

-¡Lo que quiero es besarte!

-¡Hazlo si quieres! ¡No me importa!

Yami se acercó a Yugi y lo besó.

El beso empezó siendo suave pero muy provocativo. A no sentir respuesta, Yami comenzó a mover su boca contra la de Yugi haciendo un poco de fricción. Tenía que aprovecharse de la actitud pasiva de Yugi.

Él no sentía la ausencia de oxígeno, pero pensó que Yugi sí. Así que se separaron. Yugi tenía el rostro muy rojo y respiraba con dificultad. De haberse demorado un poco más, Yugi habría terminado asfixiado. Yami observó los labios de Yugi moverse buscando más aire. Había deseado esos labios durante mucho como para detenerse en ese momento.

Tan pronto como Yugi empezaba a recuperar su respiración normal, Yami colocó su mano detrás de la cabeza de Yugi para obligarlo a besarlo. Rodeó la cintura de Yugi con su otro brazo para sentirlo más cerca. El beso empezó suave, como el primero pero con la diferencia que Yami metió su lengua en la boca de Yugi.

Yami se complació al sentir un ligero escalofrío recorrer el cuerpo de su aibou. Eso lo motivó a seguir con una lenta y minuciosa exploración, para terminar jugando con la lengua de Yugi.

Yami empezó a odiar la necesidad de tener oxígeno en los pulmones para vivir. Se separó de Yugi para evitar un posible desmayo.

Yami pasó sus manos a la cintura de Yugi mientras esperaba que éste se recuperara de la falta de oxígeno.

Era difícil no pensar en nada. Pero Yugi no tenía nada en la cabeza. El primer beso lo había agarrado desprevenido, pero el segundo había sido más profundo y había logrado hacer que Yugi se hiciera un par de preguntas sobre todo aquello. Con cada bocanada de aire se le formaban más preguntas.

Estaba perdido en sus pensamientos cuando sintió un nuevo escalofrío que lo sacudió.

Yami estaba besando su cuello. Empezó con besos pequeños y luego los profundizó, sacándole un pequeño gemido a Yugi. Yami dejó un camino de besos por el cuello de Yugi hasta llegar detrás de su oreja.

Los gemidos de Yugi se intensificaron.

Las manos de Yugi bajaron para sujetar las de Yami.

-Suéltame.

Esa palabra escapó con problemas de la boca de Yugi.

Era tan poca cosa. Era una miserable palabra. Pero era suficiente como para hacer que todo el placer de Yami se convirtiera en un dolor cada vez más punzante.

Yami soltó a Yugi. No quiso hacerlo pero pero sus brazos ya no le respondían. Yugi salió corriendo. Yami no reaccionó hasta escuchar como Yugi cerraba la puerta de su cuarto.

¿Qué demonios había hecho? Habían empezado peleando. De hecho, Yami había empezado gritándole a Yugi. Y después eso, Yami se sentía como la basura más grande del mundo. El odio que sentía hacia Kaiba no se comparaba al odio que estaba sintiendo hacia él mismo.

Fin del capítulo 12