Smells like teen spirits

Capítulo 11: ¿Deseas más?

Cuando bajó las escaleras y entró a la sala se encontró con la persona menos imaginada. Seto Kaiba estaba sentado en uno de los sofás. Tenía las piernas cruzadas y los codos sobre el respaldar.

Kaiba sonrió al ver la expresión en el rostro de Yami.

"Después de todo, será divertido" pensó.

Yugi salió de la cocina al escuchar a Yami bajar las escaleras. Al llegar a la sala se encontró con la combinación más bizarra jamás imaginada.

Yugi miró a Yami.

Yami miró a Kaiba.

Kaiba miró a Yugi.

Los tres se miraron sin tener algo inteligente qué decir.

-¿Qué demonios haces aquí? -preguntó por fin Yami.

-Lo mismo te pregunto.

-Idiota. Yo vivo aquí.

-No me refiero a eso -contestó Kaiba, cerrando los ojos-. Estás de más aquí.

-¿Dices que Yugi y tú están mejor sin mí?

-No se necesita ser genio para saberlo.

-Si no necesitáramos genios, tú y tu cabeza estarían muy lejos.

Yugi tenía que parar esa conversación antes de que se fueran a otras cosas.

-Yami, ¿me ayudas? -preguntó, señalando con una mano hacia la cocina.

Yami siguió a Yugi a la cocina sin despegar la mirada de Kaiba.

-¿Qué demonios hace ése aquí?

-Kaiba-kun me ayudó con las cosas -explicó Yugi mientras buscaba las tazas-. De hecho, hasta pagó por las compras.

-¿Y eso por qué?

-No lo sé. Dijo que ya vería cómo me cobraría.

-Ese idiota. Sólo sabe aprovecharse de la gente. ¿Qué haces?

-Café. Para Kaiba-kun.

Yami achicó los ojos. Kaiba estaba en la sala sentado como el dueño de la casa mientras Yugi le hacía café. Era más de lo que Yami podía soportar.

-¿Por qué simplemente no lo botas?

-No podría. Me ayudó a cargar los paquetes desde la tienda.

-Pude haber hecho eso.

-Sí. Pero estabas ahí.

Yugi terminó de hacer el café para Kaiba. Yami deseó que estuviera tan caliente como para malograrle las cuerdas vocales.

-¿No deseas?

-No -contestó, cortante, Yami.

-Bueno, como quieras.

Yugi salió de la cocina con una pequeña bandeja. No sabía si Kaiba tomaba el café con azúcar o si le ponía leche, así que llevó todo. Por su parte, Yami se preguntó si Kaiba comía.

Yugi se sentó en el sofá frente a Kaiba. Para su sorpresa, Kaiba cogió la taza y la llevó a su boca muy lentamente; le dio un pequeño sorbo y luego la volvió a colocar sobre la mesa igual de despacio.

-¿Qué pasa, Kaiba? ¿No te gusta lo dulce?

-No cuando está acompañado. Me gusta lo dulce pero cuando me lo muestran solo.

Yugi volteó a ver a Yami, que estaba apoyado en el quicio de la puerta que daba a la cocina. Era obvio que no se refería al azúcar.

"¡¿Por qué demonios te demoras tanto?!" pensó Yami después de un rato. La cosa lo estaba desesperando; Kaiba cogía la taza de café, tomaba un sorbo y la volvía a poner en la mesa. Y todo a una velocidad que habría sido utilizada por Yami para reencarnarse tres veces.

Con cada sorbo Kaiba disfrutaba de la expresión de Yami. No le importaba lo caliente que estuviera el café o lo preocupado que estaba Yugi. Lo importante en ese momento era sacar de quicio a Yami.

Después de mucho, la taza de Kaiba empezó a vaciarse. Cuando estuvo vacía jugó con ella mientras la miraba con fascinación.

-¿Deseas más? -preguntó Yugi, mirándolo.

-Claro que no. Kaiba debe tener mucho qué hacer. Después de todo, dirige una compañía.

-No tengo trabajo hoy. Y Mokuba no me espera sino hasta dentro de 2 horas.

-Entonces, espera un momento -dijo Yugi, acercándose a Kaiba para coger la taza.

-¿No se te antoja algo más dulce? -preguntó Yami.

-Podría ser.

-Entonces lárgate a comprarte algo. ¿O pretendes terminarte todo el café de la casa?

Cuando Yugi pasó junto a él le lanzó una mirada de desconcierto. Yami no solía hablarle así a nadie. Entró en la cocina y preparó más café.

-¿Te molesta que me termine tu café?

-No necesito comer -contestó el espíritu.

-Entonces vivir juntos debe salirles económico. En cambio, a mí estar con Yugi me está saliendo caro.

-¿¡Qué demonios...!?

-Lamento la demora -interrumpió Yugi, entrando a la sala con una taza de café.

Kaiba la recibió y tomo un pequeño sorbo.

"No con tu maldito juego de nuevo" pensó Yami, mirando con más odio a Kaiba.

La tensión del momento se perdió cuando sonó el teléfono. Yugi fue a contestar, dejando a ambos solos en la sala.

Yami esperó a que Yugi dejara la sala para acercarse a Kaiba.

-¿Te molesta algo, Yami? -preguntó con una risita maliciosa.

Yami lo miró y luego cogió la taza que estaba sobre la mesita y se bebió todo el contenido de tiro. Sintió cómo le quemaba la garganta y se preguntó como era que Kaiba podía tomar cosas tan calientes.

-Sólo se me antojó refrescarme la garganta -contestó Yami, colocando de nuevo la taza en la mesita.

Kaiba estaba a punto de decirle algo cuando Yugi regresó a la sala. Obviamente, le preocupaba dejarlos solos. Cuando entró vio que la taza estaba vacía. Lo que lo sorprendió mucho.

-¿No deseas m...?

-¿Quién llamó? -preguntó Yami antes de que Yugi terminara la pregunta.

-El abuelo. Dice que llegó bien.

-¿Así que están solos? -preguntó Kaiba, levantando una ceja.

-Estamos mejor así.

-Le preguntaba a Yugi -corrigió Kaiba, torciendo una sonrisa.

-Creo que es hora de hacer tu tarea -dijo Yami, mirando a Yugi con cariño-. ¡Y que te largues de aquí! Me refiero a ti -agregó, volviendo la cabeza para mirar a Kaiba.

-Me complace ver la amabilidad de los hermanos Mutou -dijo Kaiba, poniéndose de pie.

La intención de Kaiba al decir eso era recordarles a ambos que tenían un trato. Lo que enfureció más a Yami.

-Te acompaño a la puerta -dijo Yugi, caminando hacia hacia la salida.

-Un placer verte, Yami -se despidió Kaiba al pasar junto a él.

Yugi abrió la puerta y se colocó a un costado para que Kaiba pasara. Cuando Kaiba salió se volvió para hablar con Yugi, pero notó que Yami estaba detrás de Yugi. Con un moviemiento rápido cogió a Yugi del brazo y lo atrajo a él, mientras que con su brazo cerraba la puerta de un golpe.

Al tener la puerta cerrada apoyó a Yugi contra ella.

-Es hora de cobrar lo que me debes -le dijo Kaiba, inclinándose sobre él.

"No debí ir de compras hoy" se reprochó Yugi, muy nervioso.

-Preferiría pagarte a la forma tradicional. Con dinero -sugirió Yugi.

Kaiba se detuvo momentáneamente. No se esperaba eso de parte de Yugi.

Cuando Kaiba se restableció de la respuesta de Yugi y se disponía a continuar con lo suyo, escuchó una voz horriblemente familiar a sus espaldas.

-¡Hola, gente! -saludó Jounouchi, acercándose a ellos desde la calle. Al ver la expresión que Kaiba ponía al acercarse, se detuvo en seco-. Oh... No... ¿Interrumpí algo?

-No. Lo interesante está a punto de suceder -contestó Kaiba, volviendo su atención a Yugi.

Mientras al otro lado de la puerta, Yami apenas había reaccionado. ¡¿Cómo se atrevía Kaiba a hacer eso?!

La puerta se abrió. Yugi, que estaba apoyado en ella, perdió el equilibrio pero Yami lo cogió en un abrazo antes de que se diera contra el piso.

-Espero no haber interrumpido algo -dijo con una sonrisita maliciosa al ver el rostro de Kaiba-. Me pareció escuchar a Jounouchi.

-¡Sí! ¡Aquí estoy! -gritó, detrás de Kaiba-. ¡Muévete, Kaiba! -ordenó mientras se ponía entre Kaiba y Yugi y Yami.

Y así, una vez más, Jounouchi y Yami habían arruinado su diversión. Deseó sacar del medio a ambos, pero ¿qué pensaría Mokuba? Mokuba consideraba sus amigos a esos dos. Antes de irse, les lanzó una mirada que podría derretir el hielo.

-¿Qué haces aquí, Jounouchi-kun? -preguntó Yugi asimilando la situación.

-Yami me llamó preguntando por ti. Pero como veo que estás bien, ya me voy. Nunca estuve aquí -dijo mientras se iba corriendo calle arriba.

Yugi miró a Jounouchi perderse en el horizonte, mientras que Yami veía con odio la pequeña silueta de Seto Kaiba a la distancia.

Fin del capítulo 11