En Don De Ra

Capítulo 7: El juego del Faraón

Durante todo el día se había mostrado tranquilo, lo cual se salía de lo esperado por el Faraón. Algo andaba mal, muy mal. Jouno no mantenía la boca cerrada por más de 30 segundos y no es porque no le gustara el silencio, sino porque no podía cerrarla.

El tiempo que el Faraón lo pasó en sus habitaciones lo vio tirado sobre el lecho mirando a la nada o parado en el balcón mirando el paisaje. Parecía que estaba calculando cuántos granos de arena habían en un metro cuadrado o pensando algo igual de interesante.

-¿Qué sucede?

-¡¡¡¡FARAÓN!!!! -gritó Jouno. Como si éste no supiese quién es.

-Sí, sí, hola a ti también -dijo riéndose- Ya dime, ¿qué sucede?

-¿..Por qué nunca lo escucho cuando entra en la habitación si...? -Jouno miró a su señor y dejó de hablar con el mismo-. ¿Qué?

-¿Que qué sucede?

Jouno se puso nervioso. Juraba que estaba actuando normal pero la verdad del asunto era que fácilmente podía planear qué hacer para la noche y otra cosa MUY diferente era hacer lo que planeaba y la idea de ir por su propia voluntad con Seth estaba matándolo.

-Ehhhhhhhhhhhhh... No, naaaaaaada. Digo, no es divertido ir a ver a Seth y ayer tuve una pesadilla con él -agregó sabiendo que si sacaba el tema "odio a Seth" podía cambiarle de tema al Faraón- pero terminó bien.

-¿Y cómo terminó? -preguntó el Faraón, con ambas manos en la cintura y levantando una ceja.

-Terminó en que usted lo botaba del palacio.

-Oh~ ¿Por qué no le cuentas ese sueño a Seth cuando vayas a verlo?

-Porque el cambiaría el final a "el Faraón botó a Jouno del palacio" y no podemos permitir eso ¿verdad?

-¿Quién dice que no podemos? Ya, está bien Jouno, no me mires así. Sabes que no voy a botarte del palacio pero Seth quizás sí... Y ¿cómo podría negarme a un pedido de mi sumo sacerdote? Bien, bien, deja de mirarme con esos ojazos tuyos, estoy bromeando. Pero, ya que veo que estás bien, por ahora, iré a ver a Isis.

El Faraón giró sobre sus talones y se fue. Jouno se dejó caer pesadamente sobre el lecho, lo último que quería era procupar al Faraón así que tenía que actuar mejor... No, lo pensó bien y lo último que quería era ir a ver a Seth... Lo pensó mejor por segunda vez y decidió que lo último que quería era dejara a Mahaado con el Faraón e ir con Seth. Para su desgracia eso era precisamente lo que iba a hacer esa noche. Ah, eso explicaba porqué se sentía tan mal.

La noche sería muy larga.

Cuando el Faraón regresó a sus habitaciones horas más tarde se encontró con un rubio durmiendo a sus anchas sobre su lecho. Algo andaba mal, Jouno estaba demasiado tranquilo ese día. El Faraón se sentó al borde del lecho y lo miró. Jouno dio un par de vueltas antes de abrir los ojos.

-Eh... Faraón, hola, buenosssss díassssss.

-De hecho es de noche. ¿No tienes que ir a ver a alguien?

Al escucharlo Jouno abrió más los ojos y saltó del lecho.

-Eh, sí, sí, tengo que ir a ver a S... Se... Setttttt... Seth... Pero ¿no espera que lo deje solito? ¿Noooooooooooooo? -preguntó tornando los ojos hacia su Señor.

-Exactamente -contestó el Faraón, levantándose del lecho y caminando hacia su espejo- Yo no puedo estar solo.

-Ajá, me quedaré con usted hasta que M...Ma...Mahaaaaa...Mahaado llegue -a Jouno le era algo difícil pronunciar el nombre se esos tan carismáticos sacerdotes.

-...

-¿Faraón?

-...

Jouno guardó silencio y se quedó ahí mirando a su señor. El Faraón no hacía más que mirar su reflejo en el espejo. Era extraño, a veces Jouno lo veía levantar un puño y juraba que el Faraón deseaba romper en mil pedazos el espejo, pero nunca lo hacía. Otras veces veía como tocaba la superficie del espejo, como acariciándolo. Era como... Como si odiara y amara al espejo a la vez. Recordaba que desde el primer día que estuvo en las habitaciones del Faraón aquel espejo le llamó la atención. Muchas veces quiso pregntarle qué tenía de especial pero no se atrevía a interrumpir al Faraón. No cuando estaba así.

Pasaron varios minutos desde que ambos apagaron la conversación hasta que los guardias anunciaron a Mahaado.

-Mis respetos, Faraón -saludó Mahaado, sin siquiera mirar a Jouno.

Aquello sacó de trance al Faraón. Giró ligeramente la cabeza y miró a Jouno.

-Como ves ya no estoy solo -dijo con una sonrisa en el rostro.

-Lo sé, lo sé... Yo, ya me voy -aceptó Jouno, caminando hacia la puerta.

-Mándale mis saludos y los de Mahaado a Seth -agregó el Faraón antes que Jouno saliera de la habitación.

-¿Seth? -preguntó Mahaado, sin entender nada-. ¿Su esclavo irá a ver a Seth?

-Se llama Jouno, y sí, todas las noches va a verlo -explicó el Faraón, disfrutando el rostro de desconcierto de Mahaado.

-¿Y qué hacen?

-Lo que hagan es problemas de ellos ¿no crees? A menos que me digas que te interesa lo que haga Seth.

-No, claro que no. Seth no me interesa más de lo que le interesa a usted.

Y ahí iba Mahaado tratando de sacarle información al Faraón sobre su relación con Seth. Su Señor se esperaba algo así pero no tan directo. Mahaado estaba bajando con respecto a sus métodos de información ya que era obvio a dónde deseaba llegar. Los celos debían estarlo matando. Aquello era el espectáculo más divertido para el Faraón.

-¿Y crees que Seth debería interesarme más de lo que me interesas tú?

Definitivamente aquello demostraba el gran amor indondicional que Jouno le tenía al Faraón. Ahí estaba él, caminando hacia las hacitaciones de Seth y dejando atrás a Mahaado con su Señor. Definitivamente algo andaba mal ahí.

La noche sería muy larga.

Seth estaba disfrutando de la brisa desde su balcón, dentro de un par de minutos iría a ver a Isis. Era raro que ella lo citara a esas horas, debía de tener algo realmente importante qué decirle, sino no lo molestaría. Escuchó anunciar a su visitante de todas las noches, pero no le importó, él ya estaba de salida.

-Has lo que quieras -dijo Seth, al pasar junto a Jouno antes de salir.

Jouno lo miró irse y luego frunció el ceño. Se suponía que el "has lo que quieras" de Seth era un "me voy, puedes quedarte y sentirte cómodo mientras no estoy". ¿¡Qué les costaba a esos dos sacerdotes del mal ser algo más gentiles?! Oh, Ra, Jouno no entendía cómo hacia el Faraón para soportar a ambos.

Bien, respitó hondo. Ra debía de haberse olvidado de él aquella noche, ya que no le estaba enviando ninguna maldición. Había decidido quedarse todo el tiempo posible en las habitaciones de Seth -con Seth en ella- y el sacerdote se iba. Era más de lo que Jouno podía pedir. Se sentó al borde del lecho y rogó porque Seth se demore haciendo... Lo que haya ido a hacer.

No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado y se estaba muriendo de sueño. Era raro, había dormido casi todo el día. Eh... Bueno, no había comido casi nada en todo el día, eso podía explicar porqué andaba tan cansado. Deseaba tirarse sobre el lecho y dormir lo que restaba de noche pero... ¡Seguía en los aposentos de Seth! No se atrevía a dormir sobre el lecho de Seth... ¡¡¡DE SETH!!!

-¿Qué haces aquí?

Jouno saltó del lecho al escucharlo hablar. Seth estaba mirándolo desde la puerta. El sacerdote cerró los ojos y pensó en lo estúpida que había sido su pregunta. Pero le descocertó encontrarlo aún en sus habitaciones. Había jurado que tan pronto él dejara la habitación Jouno saldría a encontrarse con el Faraón... Algo andaba mal.

-Aún no te estoy echando -dijo al fin.

Jouno parpaedó un par de veces. Aquello parecía ¿Seth tratando de ser amable?

-Eh... Gracias, supongo -dijo y se volvió a sentar.

Seth atravesó la habitación y se acomodó en el balcón. Estaba pensando en lo que Isis le había dicho. Siempre era bueno escuchar lo que ella tenía que decirte, claro que en ningún momento se dijo que lo que te dijera sea bueno para ti. Seth fácilmente pudo estar seguro que la visión de Isis había sido causado por algo que comió o dejó de comer. Cómo era posible que Isis tuviera una visión de él y Jouno compartiendo el lecho. Ni siquiera podían compartir el mismo aire más de diez minutos. Pero, ahí estaban ambos, compartiendo el mismo aire.

Aquello era lo que había desconcertado a Seth cuando entró.

Maldijo a Isis en silencio. Le había dado algo en qué pensar y Jouno no era precisamente la persona en quién deseaba pensar el resto de la noche. Necesitaba dormir. Giró y vio al rubio sobre su lecho. Había olvidado que aún estaba ahí.

Algo andaba mal. Todas las noches lo echaba de sus aposentos tan pronto ponía un pie dentro pero esa noche era diferente. No le incomodaba en lo más mínimo su compañía. Quizás era porque estaba manteniendo la boca cerrada. Aunque... Le parecía que Jouno siempre buscaba sacarlo de quicio con cualquier cosa para echarlo más rápido y así el regresaría con el Faraón. Parecía que esa noche Jouno no quería regresar con su señor.

Seth mostró una sonrisa torcida, cualquier cosa que involucrara al Faraón le interesaba.

-¿Qué? -preguntó Jouno, al notar que Seth no le quitaba la vista de encima.

-Estoy pensando. Te invito a que lo intentes.

Jouno estrechó la miraba, ya empezaban con los ataques verbales.

-No, gracias, declino tu amabilidad. He pensando todo el día.

-Ya veo, así que no puedes pensar y hablar al mismo tiempo, con razón has estado tan callado.

-Pues, no escuché que te quejaras.

-No me estoy quejando.

-Entonces... ¿Cuál es el punto? -preguntó Jouno, levantando una ceja.

-El punto es que sigues en mis habitaciones y no es que no disfrute de tu compañía -agregó con una sonrisa sarcástica- pero ¿no tienes un Faraón que complacer?

Jouno no respondió. Comprendía el punto de Seth.

-Hoy el Faraón tiene quien lo complazca -dijo totalmente serio.

Seth no respondió. Comprendía el punto de Jouno.

Así que Mahaado había conseguido llegar al lecho del Faraón, de nuevo. Si ese era el problema, comprendía porqué Jouno seguía ahí. Era totalmente comprensible que Jouno quisiera estar en cualquier lugar -incluso ahí con él- con tal de no ver a Mahaado acostándose con su señor.

¡Momento...! Él y el Faraón habían estrechado su relación de nuevo, era demasiado que haya decidido tomar a Mahaado de amante. Algo andaba mal. A menos que...

-¿No tienes ningún mensaje?

-¿Eh? -soltó Jouno, la pregunta lo desconcertó un poco- ¿Mensaje? Pues, no, nada... Sólo un saludo.

-¿Saludo?

-Sí, el Faraón me dijo antes de que saliera para acá que te "mandaba saludos él y Mahaado". Nada más.

Seth mostró una sonrisa torcida. Las cosas ya no andaban tan mal. Si el Faraón le había dicho eso era porque quería que supiera que estaba con Mahaado. Acaso... ¿estaba usando a Mahaado para sacarle celos? Seth soltó una carcajada.

Jouno estaba seguro que aquel no era Seth. Estaba demasiado amable -dentro de lo que se puede llamar "amabilidad" en Seth- y luego simplemente estaba riéndose.

-Supongo que Mahaado está en la gloria -comentó Seth, cuando dejó de reírse- Creyendo que el Faraón lo desea como amante.

Jouno estaba comenzando a comprender lo que le era tan divertido a Seth.

-Pues... Más o menos -se aventuró a decir Jouno, quería ver si podía mentener una conversación con Seth- Pero el Faraón no le hace mucho caso.

-Obvio, ¿quién le haría caso a Mahaado? -soltó Seth, casi por impulso. Parecía que cada vez que escuchaba el nombre de Mahaado tenía que soltarle algún insulto.

-No quiero saber qué estarán haciendo ahora...

Seth contempló a Jouno unos segundos. Era obvio lo que éste sentía por su Señor, el Faraón lo sabía y aún así se paseaba con sus amantes en frente de él. El Faraón nunca se daba cuenta que sus caprichos lastimaban a otros.

No estaba sintiendo lástima por Jouno. Estaba comprendiéndolo. Después de todo, ambos no eran tan diferentes como creía.

-¿Sabes cuál es el juego predilecto del Faraón? -preguntó Seth, cortando el silencio que se había apoderado de la habitación.

-...Los celos -contestó Jouno, sin enteder bien a dónde quería llegar Seth.

-Es por eso que estás aquí ahora.

Bien. ¿Y cómo era? Jouno sabía que el Faraón lo usaba para darle celos a Mahaado, el mismo Faraón se lo había dicho y Jouno no se quejaba: detestaba a Mahaado. De vez en cuando el Faraón usaba a Seth para sacarme aún más celos a Mahaado pero no pensó que usaba a Mahaado para sacarle celos a Seth.

En ese punto Jouno se preguntaba si el Faraón estaba consciente de que Seth sabía todo.

-Te mandó aquí para comunicarme que él estaba con Mahaado -continuó Seth, al darse cuenta que Jouno estaba comprendiendo a dónde deseaba llegar-. De no ser así no te habría dicho que me des sus saludos.

-Ya veo...

-¡Hum! Lo que sucede es que tu señor cree que es el único que sabe jugar este juego.

-¿Qué quieres decir?

-¿No deseas jugar el juego del Faraón? Si él pierde quizás se de cuenta que sus juegos no son más que caprichos.

Jouno lo miró a los ojos. A esos profundos ojos azules. No había notado los hermosos que eran porque nunca se había puesto a mirarlo. Así como nunca le prestó atención a sus ojos, tampoco se dió cuenta de que Seth estuviera tan al tanto de lo que hacía o dejaba de hacer el Faraón. A veces se preguntaba qué clase de relación tenían ambos en realidad.

Frunció el ceño.

Jouno no estaba seguro qué le estaba proponiendo Seth. Y es que no le preocupaba qué planeaba sino que quien planeaba todo era Seth ¡¡¡¡SETH!!!! Todo aquello le parecía demasiado extraño.

-¿Por qué lo hago? -preguntó Seth, adivinando los pensamientos del rubio-. Por mero capricho, como tu señor. Pero a comparación suya yo admito que es un capricho.

Jouno sonrió. Nunca pensó que Seh fuese a querer meterse en el juego del Faraón por mero capricho. Pero en el fondo eso era lo que deseaba Jouno, pensaba que el Faraón abusaba del poder que ejercía sobre los demás y que en algún momento alguien tendría que detenerlo.

Alguien más orgulloso y arrogante que él. Jouno sólo podía pensar en alguién así y casualmente lo tenía en frente.

-Voy a enseñarle al Faraón que no es el único que sabe jugar en este palacio -declaró Seth, con toda la arrogancia que pudo ser capaz de soltar-. ¿Jugarás conmigo o con él? -agregó torciendo una sonrisa.

-Sólo espero que el Faraón sepa lo que está haciendo -soltó en un suspiro.

Seth se volvió hacia el balcón. Jouno había aceptado fácilmente ayudarlo, significaba que quizás al Faraón el juego se le estaba saliendo de control. Seth sonrió para él mismo, por fin su señor sabría qué se sientía que le ganen en su propio juego.

Pasaron un buen rato así: Jouno pensando sobre el lecho y Seth en el balcón, sin decirse nada.

Seth estaba atento a cualquier ruido que proveniera de afuera y no tuvo que esperar más; escuchó algo de agitación afuera. Supuso que era el Faraón dispuesrto a declamarle a Jouno. Dio media vuelta, atravesó la habitación, se inclinó sobre Jouno, usó su cetro para levantarle el mentón y lo besó.

El Faraón estaba demasiado preocupado por Jouno. Si bien se había divertido con Mahaado y había logrado olvidarse del resto de la humanidad por unos minutos. El hecho de que hayan pasado un par de horas y Jouno no estuviera de regreso era realmente preocupante.

Dudaba que Seth fuera a asesinarlo. Pero su sumo sacerdote tenía muchos métodos que poco les faltaba para igualarse a la muerte. Mahaado no estaba seguro qué era lo que lo desquiciaba más: el que Jouno no volviera o el que no volviera porque estaba con Seth. Trató de distraer al Faraón pero éste no soportó más y salió en busca de su esclavo.

Caminó a paso rápido por los pasillos del palacio hasta llegar a las habitaciones de Seth. Se encontró con la guardia privada de Seth y ni se dignó a dejar que lo anunciaran; abrió las puertas de par en par y se encontró con su sumo sacedote besando a su Jouno.

Aquello fue más de lo que cualquier mortal podía soportar.

Suerte que era el Faraón, y eso significaba que no era cualquier mortal. Pero aún así, el ver dicha escena lo impactó tanto al punto de no saber cómo reaccionar.

Fin del capítulo 7