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Capítulo 5: Las órdenes del Faraón Jouno estaba echado en X en el lecho del Faraón. Se preguntaba qué había hecho para merecer semejante castigo. En esas últimas 2 semanas había creído tener todos los favores de Ra. Después de todo, ¿cuántos esclavos podían compartir el lecho del Faraón? Al pensar en eso Jouno se acaloró. Tenía el privilegio de vivir junto a su Señor. Y su Señor era lo mejor que había tenido. Jouno tragó saliva y cerró los ojos. Le costaba admitirlo, pero estaba enamorado del Faraón. Sabía cómo era él. Y sabía que estar enamorado del Faraón y desearlo con todo el alma era un sentimiento que compartía con todo el palacio. Mahaado era el encargado de las pruebas de Ka, ya que Seth estaba demasiado ocupado hablando con el Faraón. Era exactamente lo que había deseado Mahaado; sí, pero a la inversa: tenía que haber sido Seth, el Sumo Sacerdote, el encargado de las pruebas y él, quien debía estar conversando con el Faraón. Algo en los planes de Mahaado había salido mal... Muy mal... Asquerosamente mal. -No, Seth -repetía el Faraón, sentado en su trono-. No me has ofendido a mí o a Ra, no he recibido quejas de ti, al menos no hoy, y no te odio. ¿Alguna otra cosa? -Obviamente no he cometido falta alguna, Faraón -se burló Seth, de pie junto al trono-. Es por ello que me gustaría saber por qué me ha hecho esto. -De acuerdo, lo reconozco. Sí, me has ofendido, Seth. Por eso te envío a Jouno. Tiene una enfermedad mortal y deseo que te contagie para que ambos mueran. Así yo me quedaría sin compañero y Mahaado sería el siguiente Sumo Sacerdote. -En otras circunstancias me reiría de sus sarcasmos, Faraón. Incluso podría reírme al pensar que alguien como Mahaado tomase mi puesto. Pero el hecho de saber que tendré que soportar a su mascota no me hace gracia. -No tiene que hacerte gracia a ti, Seth, sino a mí. El Faraón había destrozado la paciencia de Seth, en el hipotético caso de que Seth tuviera paciencia. No veía forma alguna de hacer que su Señor cambiase de parecer. El Faraón quería verlo sufrir. Y si así era, él haría sufrir a Jouno. -¿Tienes alguna otra queja? -preguntó el Faraón, extrañado por el silencio de Seth-. O, al parecer, ya lo aceptaste. Jouno es realmente útil, como dirías tú. Te sabrá complacer. -¿Muriéndose? -Oh, ese detalle. Lo olvidaba: no lo mates -comentó el Faraón. -Claro que no, Faraón. Como Sumo Sacerdote, sé apreciar a los animales. No lo asesinaré. Lo daré en sacrificio. -Pienso que no es un buen proceder. -Pienso que pueda tener razón: posiblemente pierda el favor de Ra si le sacrifico un espécimen así. En el centro del Gran Salón, Mahaado terminaba la prueba de Ka. Dio media vuelta para dirigirse a los presentes, quienes demostraron su admiración por semejante prueba. En otras circunstancias, Mahaado se habría sentido sumamente honrado y hubiese mostrado una amplia sonrisa. Pero lo único que veía en esos momentos era al Faraón hablando con Seth. -Faraón, hemos concluído la prueba -anunció, inclinándose frente al trono. -Está bien, Mahaado -respondió el Faraón y se puso de pie, dispuesto a irse. Tan pronto como el Faraón se puso de pie, Seth se colocó a su lado y abandonaron el Gran Salón juntos. Lo que dejó sorprendido a muchos, no sólo a Mahaado. El hecho que Seth pasara mucho tiempo junto al Faraón era algo que no se veía todos los días en palacio. -¿Tendré que esperar a su mascota entrada la noche? ¿O será tan poco piadoso conmigo que lo enviará ahora? -preguntó Seth. -En la noche. Seth inclinó la cabeza, dio media vuelta y desapareció pasillo arriba. El Faraón se quedó de pie, viendo la figura de Seth perderse. Le hubiera gustado que Seth lo acompañara un poco más; hacía mucho tiempo que no conversaban tanto. Apretó las manos en puño. ¿Por qué Seth tenía que ser así? El Faraón terminó maldiciendo a Seth en silencio antes de dirigirse a sus habitaciones. Jouno dio un par de vueltas sobre le lecho antes de fijar su vista en el Faraón. Estaba de pie, en el centro de la habitación, observando su reflejo en ese gran espejo que tenía. -F..........Faraónnnnnnnn.... -dijo Jouno, más dormido que despierto-. Tuve un sueño raro. El Faraón giró la cabeza al escucharlo. -Soñé que usted me enviaba a ver a Seth. -Si sigues viendo el futuro de esa manera, Jouno, podrías suceder a Isis. -¿¡Qué!? -Vas a ir a verlo a sus aposentos en la noche -explicó el Faraón, volviendo su atención al espejo-. Durante todas las noches a partir de hoy. Jouno bajó la cabeza y no dijo nada. Lo cual era extremadamente extraño. Pero tratar de decir algo sería en vano; el rubio no podía decir nada que cambiase la decisión de su Señor. -Yo no quiero estar lejos de usted, Faraón. -¿Y por qué no quisiste acompañarme a la prueba de Ka? -... El Faraón seguía contemplando su reflejo en el espejo. Era una escena casi hipnótica. -...Porque no quería ver a Seth. -Eso ya ha dejado de ser un problema. Ahora lo verás todos los días. Le he hablado bien de ti, así que trata de complacerlo. El último comentario del Faraón lo pronunció con un ligero tono de burla, como insinuando que nadie podía ser capaz de complacer a Seth. Nadie que no fuera él, el Faraón. Jouno caminaba tan lento como podía a través de los pasillos del palacio. El Faraón lo había obligado a ir a ver a Seth. Y él estaba tomando un buen tiempo para hacerlo. Estaba siendo escoltado por un guardia a pedido del Faraón, ya que éste sabía perfectamente que si Jouno no salía acompañado de sus aposentos podría suceder... Primero: Que se perdiera. Segundo: Que hiciera lo imposible para no llegar a los aposentos de Seth. Tercero: Que se perdiera y llegara a los aposentos de Seth, cosa que lo obligaría a salir corriendo de ahí para perderse nuevamente. Y quizás no fuese encontrado hasta los próximos 4 años de cosecha luego de ello. El guardia se detuvo frente a unas grandes puertas. "Debí caminar más lento" se quejó Jouno al notar que ya habían llegado. Seth estaba en el balcón cuando escuchó anunciarse a un visitante en sus aposentos. Lo único que le faltaba; quería tener una noche relativamente tranquila, pero tenía que soportar a la mascota del Faraón. Escuchó a alguien entrar, dar unos pasos y detenerse. Jouno entró en la habitación esperando encontrar esclavos gimiendo de dolor y pidiendo misericordia, o serpientes arrastrándose por el lecho. Después de todo, estaba en las habitaciones de Seth y sólo Ra sabía qué cosas podía tener ahí. Pero, para su sorpresa, no encontró nada de eso. De hecho, la habitación de Seth se parecía a la del Faraón. Aunque las habitaciones de su Señor eran más lujosas, el parecido era increíble. Jouno buscó con la mirada un espejo. Pero a diferencia del Faraón, Seth no poseía ninguno. Por otra parte, ¿dónde estaba Seth? Jouno nunca pensó que terminaría en las habitaciones de Seth buscando a Seth. Y mucho peor aún, nunca pensó querer encontrarlo. Lo estaba buscando, pero no quería encontrarlo. Pero como el rubio no tenía los favores de Ra aquel día, terminó por encontrarlo. Jouno observó a Seth de espaldas en el balcón. Parecía no haberse percatado de su presencia, lo que animó a Jouno a pensar que quizás podían pasar así la noche: Seth ignorándolo y él fingiendo no estar ahí. Pero estar de pie, en medio de la habitación, le pareció algo tonto, y decidió sentarse. Retrocedió los pasos que había avanzado hasta llegar a la puerta y se sentó en el piso. Seth lo escuchó y al darse cuenta de que él no hacía nada por llamar su atención, pensó que quizás la situación no era tan mala. Quizás podía pasar la noche ignorándolo y pretendiendo no saber que él estaba ahí. Habían pasado unos pocos momentos y Jouno ya no sentía las piernas. Tenía el cuerpo muy tenso y el piso estaba muy frío. Estar en las habitaciones de Seth, y estar con Seth, lo ponía muy tenso. "Malditas piernas..." se quejó mentalmente Jouno, dándose golpecitos. "Maldito balcón... Está entrando aire frío..." "Maldito tiempo que no pasa rápido..." -Maldición, ya me quiero ir.... -Pues lárgate. Jouno se sobresaltó. ¡¡¡NO!!! ¿Lo pensó o lo dijo? Pues, parecía que lo había dicho. No creía que Seth le leyera la mente... ¿O sí podía? No, no podía. No lo creía posible. ¿O sí? Sabía que Seth era medio demonio, pero no podía haberle estado leyendo la mente. Pero si no le estaba leyendo la mente, eso significaba que había estado pensando en voz alta. ¡Momento! ¿Qué idioteces estaba pensando? Tenía que calmarse. -No puedo irme. -Claro que no puedes irte -respondió Seth, girando para verlo. Tenía los brazos cruzados y sostenía el Báculo del Milenio en una mano-. ¿Qué haces? -¿Eh? -Jouno no comprendió la pregunta hasta que se dio cuenta de que estaba sentado en el piso-. Estaba cansado. -Para eso está el lecho -se burló Seth. -No. ¿Y si me come? -soltó Jouno-. ¿O si se convierte en serpiente? -No voy a matarte. Ensuciaría demasiado -comentó Seth, cerrando los ojos y torciendo una sonrisa-. Si estás tan cansado y te gusta estar en el piso, encontrarás mucho más piso fuera de mis aposentos. Largo. Jouno se tensó más. Seth hablaba en un tono que más parecía estar diciendo: obedéceme-o-te-mato. -Dijo que no podía irme -soltó Jouno, poniéndose de pie. -Claro que no puedes irte -repitió Seth-. No puedes irte de mis aposentos porque tú quieras. Te vas porque yo te lo ordeno. Jouno estrechó sus ojos. No comprendía cómo era que los tres cabían en la misma habitación: él, Seth y su Arrogancia. Suponía que era la Arrogancia de Seth quien ocupaba más espacio. -Yo no obedezco a nadie más que el Faraón -respondió Jouno. Pero al ver la mirada asesina que le dirigió Seth, se apresuró a agregar:- Mi Señor me ordenó no regresar a su lado hasta que "Seth te lo pida por favor". Eso fue lo que me dijo. Después de decirlo, Jouno comprendió. ¿Hasta que Seth se lo pidiese por favor? ¡Eso era imposible! El Faraón lo había enviado de por vida. ¿¡Cómo no había caído en la cuenta de ello cuando el Faraón se lo dijo?! Ahora ya no podía quejarse. -¿Qué parte de lo que has dicho no comprendiste? -preguntó Seth, echándole toda su Arrogancia con la mirada-. ¿El hecho de que no vas a obedecerme, o cuando dijiste que no te irás hasta que te lo pida por favor? Jouno quería más que nada irse de ahí. Pero no quería desobedecer al Faraón, así fuese una orden tan horrible como ésa. Y sobre todo, no quería darle gusto a Seth. -No me voy -declaró Jouno, decidido a no dejarse asustar por algo que le dijera Seth. Seth no lograría echarlo de ahí. Dos minutos más tarde, Jouno estaba de regreso en las habitaciones del Faraón. -¿Qué pasó? -preguntó divertido el Faraón. -Me echó. El Faraón rompió a reír de la cara de horror de Jouno. Realmente estaba asustado. No sabía qué le había hecho o dicho Seth para lograr que Jouno dejase su habitación, pero debió de ser algo realmente malo. -No te preocupes. Mañana deberá estar de mejor humor. -¡¡¡No me mande con él de nuevo!!! ¡¡¡¡¡¡FARAÓN!!!!! Fin del capítulo 5 |