El Don De Ra

Capítulo 4: Las Dos Semanas del Faraón

Estaban reunidos en el Gran Salón del Faraón. Los seis sacerdotes estaban de pie junto al trono del Faraón. También estaba Shimon, consejero del Faraón. En la escena sólo faltaba el Faraón.

Mahaado estaba al lado izquierdo del trono y era el más desesperado por ver a su Faraón. Esa misma escena se había repetido todas las mañanas. El Faraón no solía llegar tarde a ningún compromiso; ni siquiera llegaba tarde a las comidas. Pero durante esas últimas dos semanas había llegado tarde a todos sus compromisos, cuando sí asistía a los compromisos.

Todo el palacio en pleno sabía el porqué del cambio de actitud y de humor del Faraón. Y es que un rubio de ojos y piel claros caminando junto a él por todos los rincones del palacio no era difícil de ver. Era más que obvio que el nuevo amante del Faraón lo complacía, y lo complacía mucho.

Seth estaba de pie al lado derecho del trono, con los brazos cruzados, sosteniendo el Cetro del Milenio con una mano. Estaba justo en frente de Mahaado. Seth tan sólo lo miraba; lo miraba con la seriedad que sólo él podía poseer. Pero dentro tenía escondida una sonrisa maliciosa, y estaba listo a mostrársela a Mahaado tan pronto llegara el Faraón. Por las última dos semanas Seth se había divertido burlándose de Mahaado, y de todas las figuras importantes del palacio, porque el Faraón había tomado de amante a un simple esclavo y no a alguno de ellos.

-Faraón... -se quejó en medio de un suspiro Shimon.

-¿Sucede algo, Shimon? -preguntó Mahaado, quien podía escuchar el nombre del Faraón a veinte kilómetros de distancia.

-Es por su demora. Le aconsejé que solicitara ayuda, pero se negó.

Mahaado sabía lo que eso significaba; claro que sabía. El Faraón solía mantener a tres damas que le ayudaban, pero había decidido mntener sólo a Jouno. Y era él quien le ayudaba en todo, hasta en vestirse. Y pasar de tener tres a un solo ayudante, era algo que muchos no concebían. Y menos si el único ayudante era Jouno.

Pasos lentos se acercaban al trono. Después de una no tan larga pero sí desesperante espera, el Faraón apareció en el Gran Salón y se sentó en su trono. Sus sacerdotes y Shimon hicieron una inclinación de cabeza cuando su Señor hizo su aparición.

-Faraón, está herido.

El comentario de Shimon sobresaltó a todos. El faraón tenía un corte en el cuello, debajo de la oreja. La herida sólo se delataba por un pequeño hilo de sangre.

El Faraón se limpió la sangre con la yema de los dedos y miró a Shimon.

-Esto no es una herida, Shimon. Es un rasguño.

-De todas maneras, Faraón. Es peligroso... Y en el cuello.

-No moriré.

Isis rio entre dientes. Estaba acostumbrada a los comentarios sarcásticos de su Señor, y le gustaban mucho.

-No, claro que no, Faraón -dijo, sonriéndole-. No morirá por ese rasguño.

-¿Acaso has visto mi muerte, Isis?

-Es algo que no quisiera ver nunca.

-No todo lo que te muestra tu Collar tiene que gustarte.

-Faraón, vaya a curarse la herida.

El Faraón se limpió de nuevo el cuello. Apenas era un hilo de sangre, pero Shimon hablaba como si un arteria le fuera a reventar en el cuello.

-Es extraño que siga sangrando. ¿Cómo se hizo la herida?

El Faraón miró a Shimon y luego a sus seis sacerdotes. Se rio para sus adentros. "Tanto escándalo por un rasguñito" pensó. Pero, quizás le podía sacar provecho.

-Es que Jouno no es muy cuidadoso.

El Faraón lo había hecho. ¡Había girado el reloj de arena! Haciendo con ello que todos se ahogaran en celos mientras la arena los cubría lentamente. El Faraón sabía perfectamente que la mitad del palacio envidiaba y odiaba a Jounou. ¿Y la otra mitad? También.

El Faraón disfrutó el momento. Nada como atizar más el fuego.

-Sé que se esfuerza por hacerlo bien. Pero... En fin. Supongo que es la falta de práctica.

Todos se quedaron fríos mientras que el Faraón mantenía una pelea contra él mismo. Tenía unas ganas monstruosas de echarse a reír por los rostros de cada uno de sus sacerdotes. Incluso quiso decirle a Mahaado: "¿Qué pasa? ¿Por qué estás azul?" Pero al final ganó la pelea mental y recordó que era el Faraón, y no podía hacer una escena como ésa. (1)

-Como gustes, Shimon. Iré a mis aposentos a curarme la HERIDA.

-Permita que le ayude.

-No, está bien. Le diré a Jouno que me ayude. De todas maneras, fue él quien me hizo esto.

El Faraón se puso de pie y salió del Salón acompañado por sus guardias, dejando atrás a un estupefacto Mahaado, ya que de todos él era el más afectado.

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Jouno estaba echado en el lecho del Faraón en X. Estaba mirando el techo; se sentía culpable. ¿Por qué tenía que ser tan...Tan él? Siempre le hacía algo al Faraón, pero esa mañana por primera vez lo hizo sangrar. Ya se imaginaba a todos sus sacerdotes pidiéndole al Faraón que lo dieran como ofrenda a los dioses.

-Jouno, arregla tu error.

El rubio saltó del lecho. Parado en frente de él estaba el Faraón. ¿Por qué nunca podía escuchar cuando entraba en la habitación?

El Faraón se sentó al borde del lecho, cerró los ojos y comenzó a reírse.

-Faraón, ¿está bien?

-Sí, sí... Debí llevarte conmigo, Jouno -dijo, calmándose-. No me sorprendería si Mahaado quisiera matarte.

-Eso no es gracioso -comentó Jouno, preocupado.

-No, no lo es para ti. Para mí sí lo es.

El Faraón adoraba ver cómo Mahaado se moría de celos. Cuando fue amante de Isis, detestó a Isis. Cuando fue amante de Karim, ocurrió de igual manera. Y ahora era su momento para sentir celos de Jouno. El Faraón estaba disfrutando todo eso. Disfrutaba ver cómo todos lo amaban.

El semblante del Faraón cambió. Recordó algo. Recordó que todos lo amaban.

Todos menos uno.

-¿Faraón?

-Jouno, estoy bien. Trae eso; tienes que limpiarme la herida.

Jouno trajo un paño, lo remojó y se lo colocó en el cuello.

-Lo siento.

-Mmmmmm...

-Seré más cuidadoso.

-Mmmmmm...

-No volverá a pasar.

-Mmmmmm...

-No quise hacerle esto.

-Mmmmmm...

-Faraón, yo...

-Jouno, silencio.

-Le desespera tenerme cerca, ¿verdad? -le preguntó Jouno.

El Faraón giró la cabeza para verlo. Claro que lo desesperaba. Pero era Jouno, su Jouno. Y lo estaba mirando con ese hermoso rostro y esos ojos tan...

-Te dije que guardaras silencio.

El Faraón sonrió y Jouno lo entendió. Era increíble que en dos semanas haya cambiado todo. Al principio, Jouno no deseaba acercarse al Faraón, pero su Señor había sido muy paciente con él. Le había dado un trato especial, un trato que no le había dado a nadie, hasta que dejó de tenerle miedo y se acostumbró a su nueva vida junto a él.

-Puedes hablar -dijo el Faraón.

-¿Pedirá ayuda? -preguntó Jouno, que deseaba decirle eso desde hace buen rato.

-No, no hará falta. Pero ten más cuidado. Voy a aparecer muerto un día de estos.

-Es que... Sus aretes son muy grandes... -se defendió Jouno, estrechando los ojos-. Además, tienen filo en los bordes.

Toda su vida había estado cubierto por joyas y era la primera vez que alguien se quejaba por el tamaño de una. Y es que Jouno le había cortado el cuello tratando de ponerle un arete. Verdaderamente, el rubio necesitaba más práctica en esas cosas.

-Ya no sangra -dijo Jouno, quitándole el paño.

-Jouno, mañana los sacerdotes harán pruebas de Ka. Vendrás conmigo.

-¿El sacerdote Mahaado estará presente?

-Sí.

-No quiero ir.

El Faraón se rio del rostro asustado de Jouno. Le había contado que, de todos, Mahaado era el más celoso. De hecho, el Faraón le contaba todo a Jouno.

-¿Y también estará el sacerdote Seth?

-Obviamente. Estarán todos. ¿Y por qué preguntas por él?

-No me gusta.

Escucharon la puerta y uno de sus guardias anunció a Seth.

-Faraón -dijo, con una inclinación de cabeza.

Seth se colocó frente al Faraón y lo vio sentado en su lecho junto a Jouno. No le gustó la escena.

-Hace un momento Jouno estaba hablándome de ti, Seth.

Seth fijó su mirada en el pobre de Jouno.

-Dijo que no le gustabas.

-¿Eso dijo? Pues, entonces, el sentimiento es mutuo.

-¿No te gusta Jouno?

-No, pero eso no importa. A quien tiene que gustarle es a usted, Faraón.

El Faraón se acomodó en el lecho. Se dio cuenta de que Seth quería llegar a algún lugar con la conversación.

-Sí, es cierto. Es un buen compañero, pero no sabe cuidarme.

Seth levantó una ceja. ¿Compañero? El faraón no tenía ningún problema en anunciar a sus amantes. ¿Por qué con Jouno no lo hacía? Seth mostró una sonrisa maliciosa. Recordó que el Faraón nunca había dicho que Jouno era su amante.

-Así que Mahaado está sufriendo sólo para divertirlo. Y sólo está sufriendo por su... ¿compañero?

-Mahaado sufre porque quiere sufrir, Seth. Jouno no es mi amante. Y si Mahaado analizara las cosas como tú, se daría cuenta de ello.

-No me compare con él, Faraón -Seth hizo una pausa-. Antes que me diga quién es y quién no es su amante en el palacio, Faraón, viene a decirle que la prueba de Ka será hoy. Sé que estaba interesado en verla.

Jouno pensó que el Faraón se enojaría por el comentario. Pero no dijo nada. Jouno se dio cuenta de que Seth era el único que gozaba del favor del Faraón, aparte de él. Que podía decirle lo que gustase y tratarlo de "esa" manera. Le era difícil creer que su Señor fuera amigo de Seth.

-Bien, tenía pensado llevar a Jouno conmigo.

-Comprendo -comentó Seth-. ¿También llevará a Bast?

-Jouno no es mi mascota, Seth.

-No es su amante, no es su mascota. No sé por qué lo conserva, entonces.

El Faraón giró para ver a Jouno.

-Ya sé porque no te gusta -le dijo-. No te preocupes, Jouno. Vas a aprender a llevarte bien con Seth. Lo conozco desde que recuerdo y eso me ha enseñado a soportarlo. Y tú, Seth, sabrás porqué Jouno sigue a mi lado.

-Faraón, espere...

-Jouno será tu compañero -interrumpió el Faraón.

La idea le desagradaba tanto a Seth como a Jouno. Seth no deseaba tenerlo de compañero y creía que Jouno compartía su idea. Pero negarse a su Señor era imposible.

-Dijiste que no sabías porqué conservo a Jouno. Podrás averiguarlo ahora, Seth.

Jouno quiso pedir a gritos que no hiciera eso. Pero si Seth no se negaba, no podría negarse él. El Faraón era quien decidía y ninguno de los dos podía decirle algo.

Seth hizo una reverencia y se dispuso a salir de los aposentos del Faraón.

-Supongo que aceptaste mi sugerencia.

-¿Sugerencia? -dijo Seth, en la puerta-. Sus sugerencias suenan como órdenes, Faraón. Sólo por eso las acepto.

-Aceptarás muchas cosas nuevas, Seth.

Seth y toda su arrogancia salieron, dejando a un Jouno anonadado y al Faraón sintiéndose realizado por ese día.

Fin del capítulo 4
NOTA:
(1) ¿Por qué Mahaado está azul? Habría que preguntárselo a Takahashi, ya que diseñó al Black Magician con la piel azul. Pero tal parece que los diseñadores de la segunda serie de tv decidieron que pitufo no lo querían (y rubio tampoco), y su diseño cambió al del bishounen de cabello morado y piel clara.(Scyllua)