En Don De Ra

Capítulo 2: El Lecho del Faraón

-Sacerdote Seth, el sacerdote Mahaado está aquí -anunció uno de sus guardias.

Seth estaba sentado sobre uno de sus finos muebles, leyendo. Una festividad grande se acercaba; tenía que tener todo en orden. Despues de todo, la participación de los sacerdotes era indispensable.

-Que entre.

Mahaado entró en los aposentos de Seth; era algo más grande que los suyos y estaban más cerca a las habitaciones del Faraón. Cómo odiaba a Seth. Esperó que Seth se dignara a darse la vuelta o dejar de leer, pero no recibió ningún signo de atención por parte de ese infeliz.

-Bien, Seth. ¿Qué quieres? -dijo, haciendo pedazos su paciencia.

-¿De ti? Nada. Pero por desgracia el día de la fiesta tienen que estar los seis sacerdotes presentes. Es necesaria tu presencia.

-¿Sólo para esto me llamas?

-No te llamaría por una estupidez como ésta -dijo Seth, levantándose del mueble y caminando hacia Mahaado-. La fiesta es para los dioses; nosotros los sacerdotes somos necesarios para los rituales. Pero tú estás demasiado entretenido en otras cosas como para mostrar respeto por tus deberes.

-No estoy entretenido en otras cosas, Seth. Estoy complaciendo al Faraón.

Mahaado había desviado la conversación a una zona peligrosa: el Faraón. Pero tenía que sacar a flote el tema. Sabía que Seth hacía todo eso para alejarlo del Faraón.

-Los caprichos del Faraón son leyes para todo el mundo, menos para él. Todos tratamos de complacerlo, Mahaado. Pero no estés detrás de él. Sabes bien que ya no hay espacio para ti en su lecho. (1)

Mahaado estrechó los ojos y una vena saltó en su sien. Podía soportar cualquier cosa que le dijera Seth, menos ésa. Mahaado había sido amante del Faraón, pero luego fue desplazado por Isis. Pero Isis tampoco pudo complacer al Faraón mucho tiempo, aunque ella había sido la persona que más tiempo había durado cerca al lecho del Faraón: habían sido amantes un mes entero. Mientras que Mahaado tan sólo compartió el lecho con su Señor once días.

-¿Celoso, Seth? No te sientas mal por ser el único sacerdote en no haber pasado por sus sábanas.

De sus seis sacerdotes los únicos que no habían tenido el placer de ser amantes del Faraón eran Aknadin y Seth. Y ninguno de todos sus amantes había durado en su lecho más de una semana. Por eso Isis era la envidia de muchos.

-¿Tan orgulloso estás de haber sido su amante? De haber sido uno de sus amantes. El Faraón puede tener tantos amantes como esclavos tiene Egipto. Tú tan sólo fuiste uno de ellos.

Mahaado se mordió el labio. Era cierto. Maldita sea que Seth tenía razón. El Faraón podía tener a quien él quisiera como amante. Y no lo quería a él, a Mahaado. Aunque...

-¿Sólo querías decirme eso? -preguntó, desafiando a Seth-. ¿Hablarme de los amantes del Faraón? Lástima que tú sólo cuentas sus amantes en vez de ser uno de ellos, Seth.

Diciendo esto, Mahaado giró sobre sus talones y se dispuso a largarse de ahí. Odiaba a Seth y odiaba todo lo referido a él. Estar en sus habitaciones le daba una sensación extraña.

-Y lástima que tú ya no podrás contar con ser uno de sus amantes, Mahaado.

Mahaado lo escuchó y se retiró. Lo había olvidado: Seth siempre tenía la última palabra.

Seth regresó a su sitio en el mueble. ¿Por qué estaba tan irritado? ¿Por Mahaado? Ese maldito. Siempre tan cerca al Faraón. No lo soportaba. No podía creer que estuviera así por lo que había dicho. Claro que deseaba compartir el lecho del Faraón. No existía criatura en Egipto que no lo deseara. Pero él no sería como Mahaado. Por más que deseara al Faraón, él nunca se arrastraría así para tenerlo.

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La fiesta se acercaba y el palacio tenía aires de ya estar disfrutándola. Los regalos para el Faraón no se hicieron esperar. Llegaban a toda hora: oro, plata, piedras preciosas, seda, tapices, espadas y un sinfín de objetos igual de preciosos. Pero ninguno de ellos tan preciosos como el Faraón.

La Gran Sala del Trono estaba repleta de los regalos del Faraón, quien estaba más despierto ese día. Estaba sentado en su trono esperando que las visitas terminaran para caminar; quería relajar las piernas.

-¿Hay algo que haya llamado su atención en especial, Faraón? -preguntó Mahaado junto a él. Sus sacerdotes siempre estaban junto al trono.

-Hay regalos muy llamativos, pero ninguno tan hermoso digno de mis habitaciones -contestó el Faraón, sonriendo con malicia y mirando a Mahaado con detenimiento.

Mahaado estaba contando con la atención del Faraón, cosa de la que no había gozado cuando Isis era su amante. Cómo había odiado a Isis durante ese largo y ahogador mes. Los días nunca habían pasado tan lentos. Pero las cosas habían cambiado, gracias a Ra.

El Faraón estaba dándole demasiados privilegios a Mahaado. Era sabido por todos que Mahaado podía entrar y salir de sus aposentos cuando gustase. Los rumores de que Mahaado sería, de nuevo, el amante del Faraón no se habían hecho esperar.

El ruido de los invitados sacó a Mahaado de sus pensamientos. Era un Rey de tierras cercanas a Egipto. Lo recordaba por dar excelentes regalos al Faraón.

Demasiado protocolo, saludos, alabanzas, deseos de prosperidad para Egipto. Todo eso era aburrido.

-Faraón, espero reciba mi humilde regalo.

El Faraón se acomodó en su trono; algo bueno después de tanto protocolo.

El Rey se movió para dejar pasar a su regalo. El regalo era alto, de piel clara y cabellos rubios. Estaba vestido con un fino traje de seda blanca, simple y elegante. (2)

-Los rumores hablan de los exquisitos gustos del Señor de Egipto -comenzó a decir el Rey-. Así que pensé en este humilde regalo. Por favor, complázcame recibiéndolo.

El Faraón miró fascinado su regalo. El Rey siempre le traía buenos regalos. Se puso de pie y se acercó a su regalo.

-No estoy acostumbrado a estos regalos -dijo, mirando al Rey-. Pero lo aceptaré con gusto.

Todos los sacerdotes se impresionaron. El Faraón no era muy adepto a recibir esclavos. Pero parecía muy feliz de recibir éste. Tenían que admitirlo, el joven era guapo y de cuerpo atlético. Pero su explendor se veía opacado por el del Faraón.

-¿Tu nombre? -le preguntó a su nuevo regalo.

El rubio no contestó, tampoco levantó la mirada para ver a su nuevo Señor.

-No tiene, Faraón -dijo el Rey-. Escójale un nombre usted.

-Todos tenemos un nombre -dijo el Faraón, colocándose frente al joven-. ¿Cómo te llamas? Quiero saber tu nombre.

-Jouno -dijo en un susurro. La verdad era que no quería hablar, pero el Faraón se lo pidió de una manera en la que le era imposible negarse.

-¿Jouno? Me gusta -dijo, sonriendo; luego se volvió hacia el Rey-. Estoy complacido con su regalo. Espero asista a la fiesta.

-Gracias, señor.

Mahaado no estaba tan complacido con el regalo. Ese chico de piel y cabellos claros sería quien compartiría el lecho del Faraón. Definitivamente, los gustos del Faraón eran especiales. La gente de su pueblo despreciaba a aquellos de piel clara. Pero Jounou era lo suficientemente guapo como para hacer que cualquier egipcio dejara el color de la piel a un lado.

Fin del capítulo 2
Notas:
(1) Raven sacó esta frase (aunque sólo la parte de "los caprichos...") de uno de sus libros favoritos, por uno de sus autores favoritos: El Retrato de Dorian Gray por Oscar Wilde.
(2) Raventears escogió el nombre de "Jouno" por el juego de video Yu-Gi-OH! Forbidden Memories. En este juego (que no he visto), se presenta un argumento independiente de la historia del manga y/o anime, en el que vemos a todo el grupo, Yugi y Co., en el Antiguo Egipto. Y, claro, Jounouchi era conocido como "Jouno" - y me dice Raven que sí vestía un traje blanco.

Bien, creo que sí se nos pasó la mano con el massive spoiler attack del preámbulo. La verdad es que, más que un preámbulo, es un desquite de mi parte (y de Raven, pero en menor cuantía) por lo del anime. ¿Qué? Pues, que mientras que la saga en el Egipto antiguo del manga es de lo mejor de la historia, no se dignan todavía llevarlo a la animación: en el anime nos están atosigando con estas sagas originales que a mí me parecen sendos filler. Saben, salvo capítulos por aquí y por allá, el anime me parece aburrido... Sin contar con la ingente cantidad de sonseras que te encuentras desperdigadas por doquier (en el anime, en el anime...) (Scyllua)