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Capítulo 1: El Perro y el Murciélago Corría escaleras arriba tan rápido como sus dos miserables piernas le permitían. No era como si Jounouchi fuera anormal por tener sólo dos piernas, pero ¿por qué el ser humano tiene sólo dos? Quizás dentro de un par de centurias le crezca una más, quién sabe. Vivía en un edificio departamental, nada del otro mundo. No tardó en llegar a su piso. Se acercó lentamente a la puerta mirando hacia todos los lados, como si alguien lo siguiera. Sacó la llave de su bolsillo para encajarla en la perilla cuando se dio cuenta de que la puerta estaba entreabierta y, en realidad, mucho más de lo que se entiende por "entreabierta". Del cuadrante o de los 90 grados que describiría la puerta abierta en ángulo recto con realción al vestíbulo, quedando expuestos, por lo menos, unos 55 grados. (1) "¡Con un demonio...!" pensó Jounouchi. Guardó sus llaves y entró al departamento. De seguro su viejo había regresado medio sobrio, de nuevo. "Al menos no dejó las llaves en la perilla" pensó, suspirando. "Como si eso importara. La puerta estaba abierta de todas maneras. -________________________________________________________- A la mañana siguiente Jounouchi salió tan temprano y rápido como pudo. No era como si llegar temprano a la escuela lo animara, pero tenía que estar lo más alejado de las calles. Y la escuela era un gran lugar para matar el tiempo; tenía sillas muy cómodas para dormir. Lo malo era que los profesores no lo aburrían: lo aburraban. (2) -¡Mamá, qué feo! -gritó Honda, cuando entró al salón. -Cómo si tú fueras una preciosura -contestó el rubio. -Hola, Jounouchi. -Bakura, ¿qué hay? Bakura entró detrás de Honda y fue a sentarse a su sitio. Honda se quedó ahí de pie mirando a Jounouchi. Su carpeta era la primera empezando por la puerta. El rubio se distaía tanto que los profesores lo querían bien adelante. Pero era inútil: siempre se distraía. -¿Qué tanto me miras? -preguntó Jounouchi-. ¿Qué? ¿Te gusto? -¿Tú? No, Jounouchi, gracias. Sabes bien que no me gustan las mujeres. -Idiota. Jounouchi sonrió para sus adentros. Hacía varias semanas se había dado cuenta que Honda y Bakura se traían algo. Honda no tardó en darse cuenta que Jounouchi sabía. Y Jounouchi no era imbécil; se había dado cuenta que Honda sabía que él ya sabía. Bakura no tardó en saber que Jounouchi sabía que Honda sabía que él ya sabía. Y Yugi era tan perceptivo que ya sabía que Jounouchi sabía que Honda sabía que Bakura sabía que él ya sabía. Así era como Honda y Bakura sabían que Jounouchi y Yugi sabían que ellos ya sabían. Y Jounouchi y Yugi sabían que Bakura y Honda sabían que ellos ya sabían. Al final, todos sabían pero hacían como si no supieran. Pero los cuatro sabían que se hacían los que no sabían pero sí sabían. Y no decían nada porque ya sabían lo que se iban a decir. (3) En conclusión, sólo estaban ahorrando saliva. ¿Y Kaiba? Kaiba sabía que Yugi sabía que Jounouchi sabía que Honda sabía que Bakura sabía. Y se hacía el que no sabía, cuando los otros cuatro sabían perfectamente que él sí sabía. Pero a él no le interesaba saberlo. -¿Te caíste de la cama? ¿La cama te cayó encima? ¿Qué fue? ¿Por qué tan temprano? -¿Algún problema con que llegue temprano? -preguntó Jounouchi, sosteniéndose el mentón con la mano-. No te hagas la loca. Bien que desde que andas con Bakura llegan más temprano. ¿Quién es que se cae de la cama aquí? Por el color rojo en las mejillas de Honda, Jounouchi supuso que sus sarcasmos eran ciertos. -Yo al menos tengo una excusa para llegar temprano. El moreno hizo un movimiento para que el rubio volteara a ver al peliblanco. Bakura estaba sentado en su carpeta mientras jugaba con sus cabellos. -Sí, tienes una MUY buena excusa para llegar temprano. -¿Qué? -preguntó Honda, con un leve tono de celos en la voz. -Tranquilo,sabes que no me gustan los gays. -Pero te gustan los hombres. -Idiota. -¿Y tu excusa? -preguntó Honda. -Es una larga historia. Te vas a reír. Más tarde te la cuento. -________________________________________________________- Las clases había sido realmente aburridas. Cómo si la escuela fuera divertida. Jounouchi se pasó durmiendo gran parte de las clases, por no decir todas. Cuando despertó, corrección, cuando lo despertaron ya había sonado la última campanada indicando el término de las clases. -¿Jounouchi-kun, estás bien? Estás durmiendo mucho... Más de lo común. -Tranqui, Yugi. Toy' bien. -¡Hey! -le gritó Honda, acercándose a su carpeta-. ¿Regresas con nosotros? -No, creo que no. He estado pensando que salgo mucho. -Sorprendente -comentó Honda-. Nunca pensé que te escucharía decir algo así. -Lo sé, Honda -dijo el rubio-. Soy una persona SORPRENDENTE. -En parte tiene razón. Todos voltearon al escucharlo. Era Seto Kaiba. Se acercaba hacia ellos, no porque quería, si no porque tenía que pasar por el sitio de Jounouchi para salir del salón. El salón tenía dos puertas, pero Seto Kaiba no iba a salir por la puerta de atrás. -Fue sorprendente escuchar que pensabas. -¿Te soprendiste? -le preguntó Jounouchi, esperando que Kaiba estuviera exactamente frente a su carpeta-. Digo, ¿puedes sorpenderte? Y si te corto un dedo, ¿también sangras? Kaiba se detuvo en frente de la carpeta del rubio. Lo barrió con la mirada como sólo Seto Kaiba sabía hacer. -Sorprendente- repitió Kaiba-. Primero piensas y luego sueltas sarcarmos. No me digas que también sabes decir tu nombre. No, eso es muy difícil. ¿Quizás dar la pata? -No, pero puedo morderte. -¿Qué te hace pensar que quiero tener rabia? -¿Qué? ¿No tenías? Pensé que dormías de cabeza y esparcías la rabia en tus ratos libres. -Oh, te gustan los murciélagos. ¿O sólo te recuerdo uno? -En parte -dijo Jounouchi, divertido.- Después de todo, ¿qué es un murciélago? Sólo una rata con alas. -No lo creo -dijo Kaiba, colocando una mano en el marco de la puerta-. Sabes cuál es la diferencia entre una rata y un murciélago. No me vengas a decir que también sabes leer -terminó de decir el castaño y salió del salón. -¡Kaiba eres un...! -¿No te aburres, Jounouchi? -preguntó Honda. -Ya sabes como son, Honda-kun -comentó Yugi-. Así se tratan ellos. Sí, así eran esos dos imbéciles. Desde el inico se habían odiado, y se seguirían odiando. Pero Jounouchi descucbrió que contestarle a Kaiba en su idioma era más divertido. Y así había nacido el juego. Ambos se insultaban o se burlaban, quien tuviera la última palabra ganaba. Generalmente era Kaiba quien tenía la última palabra, pero Jounouchi insultaba más. -Bueno, ya me siento realizado por hoy. Ya me voy. -¿Sucede algo? -preguntó Yugi-. Hace una semana que no sales con nosotros. Ni siquiera después de clases. -Cierto -apoyó Bakura, que se acercó al sitio. Desde hace una semana Jounouchi no salía con sus amigos. Es más, sólo los veía en la escuela. Pero, ¿qué podía hacer? Esa era la única forma que tenía de... Jounouchi no tenía otra opción. -Es una larga historia. Se van a reír. Más tarde les cuento -dijo, y salió corriendo del salón. Fin (1) La última parte del párrafo es un extracto del libro Del Asesinato Considerado Como una de las Bellas Artes, de Thomas de Quincy. Tanta cosa para decir que la puerta estaba entornada... |