|
Capítulo 3: Eres bueno, pero hoy te tocó perder -Lo sé... ¡Lo sé! -escuchó gritar a Yuugi, pasillo abajo en busca del teléfono-. ¡…Tengo que llamar a Kaiba y cancelarlo…! Al cabo de unos minutos Yuugi regresó a la habitación con el rostro enterrado en el piso. Se acercó al borde de la cama y se sentó. Atem estaba exactamente en el mismo lugar. Esperaba que Yuugi le diga algo pero su compañero sólo miaraba al piso. -¿Qué? -preguntó Yuugi, al cabo de un rato cuando sintió la mirada de Atem sobre él-. Te estoy mirando. Contestó el espíritu, cruzándose de brazos como siendo ésa la respuesta más obvio del mundo. Porque realmente lo era. -Mira a otro lado -dijo Yuugi, con una sonrisita extraña en el rostro. Créeme: eres lo más fascinante de la habitación. ¿Qué quieres que mire? ¿El piso? -¿Algún problema con que mire el piso? -preguntó Yuugi, notando cuál era el punto al que quería llegar Atem. El problema en realidad es otro. -¿Ajá...? ¿Dijiste Kaiba? -...Ajá. No entiendo... -Bueno... Así estaba yo hace unos minutos. Ahora creo estar seguro y creo entenderlo. ¿Y por qué sólo lo crees? ¿No estás seguro? -La inseguridad infundada es un buen sentimiento si buscas aferrarte a algo. No entendí el punto. -Mmmmm... Estoy hablando incoherencias... -Yuugi se puso de pie y caminó hacia la puerta-. Estaré abajo, esperando a Jounouchi... Si quieres pued... No. Me quedaré aquí. Si me nec... Si necesitas... Algo. Estaré aquí. -Lo sé. Yuugi estuvo en el primer piso hablando de muchas cosas con el abuelo para poder botarlo rápido a su habitación y poder estar solo con Jounouchi. Sugoroku podía ser viejo, pero imbécil no. Sabía que Yuugi se traía algo entre manos, pero se hizo el desentendido (lo que hacía muy bien y muy seguido), fingió sueño y se fue a dormir. Y aunque al princio sí estuvo fingiendo, a los 3 minutos ya estaba hecho una piedra durmiendo a sus anchas. Yuugi se estaba quedando dormido en el sofá cuando escuchó el timbre. -¡Hola! -saludó el rubio, al entrar. -Llegas tarde -se quejó Yuugi, peinándose los mechones con las manos. -Hey, ¿cómo puedes decir que llegué tarde si no dije hora? -De haberme dicho alguna hora habrías llegado tarde igual -respondió Yuugi, entrando a la cocina-. ¿Quienes algo? -Agua. -Entonces vete al baño. -Amo tu amabilidad, Yuugi -comentó Jounouchi, entrando a la cocina detrás de él. Yuugi le alcanzó un vaso con agua al rubio, quien ya estaba cómodamente sentado en una silla al otro lado de la mesa mirándolo. Cogió el vaso y le echó un par de cucharas de azúcar. -¿Azúcar? -Para los nervios. -¿Y eso para qué...? -Para lo que tengas que decirme -contestó sonriendo Jounouchi. Yuugi se sobresaltó, trató de disimularlo pero no pudo. Sentía que había estado subestimando a Jounouchi todo ese tiempo. Aunque... De algún modo, algo le decía que en el fondo él siempre supo que Jounouchi sabía que salía con Kaiba. Pero entonces ¿por qué Jounouchi nunca le dijo nada?... ...Quizás por la misma razón que Yuugi no habló. Yuugi tenía que tener cuidado con lo que sea que fuera a decir, no podía decirle al rubio más de lo que pretendía. Tenía que saber cómo estaba Jounouchi primero. -Jounouchi, ¿qué quieres decir? ¿Tú sabes...? Jounouchi tomó un sorbo de su agua azucarada tranquilamente, sin nada ni nadie que fuera a apurarlo. -Pues... Si me has estado evitando estos días y recien hoy me dejas verte es porque tienes algo que decirme ¿verdad? Y por la cara que traes no creo que sea nada agradable. Al menos nada agradable para mí -se detuvo un momento mientras apoyaba su mentón en la palma de su mano-. Sobre lo que tengas que decirme, no lo sé, se supone que no sé nada -terminó con una sonrisa. Yuugi jaló una silla y se sentó frente a Jounouchi, del otro lado de la pequeña mesa. Jounouchi era rápido sacando conclusiones, incluso más rápido que él. Había acertado muy bien en todo lo que dijo, en todo. Sus últimas palabras aún daban vueltas todas confundidas en la mente de Yuugi. -¿Por qué? -logró decir, sin mirarlo. No podía mirarlo a la cara. -¿Por qué qué? -repitió Jounouchi, tranquilo. -...Lo sabías. ¿Por qué nunca dijiste nada? -No sé -dijo encogiéndose de hombros-. Supongo que por lo mismo que tú. Para tener que ahorrarnos esta conversación. Yuugi cerró sus manos en puño al punto de herirse. Él siempre quiso a Kaiba, incluso cuando estuvo de pareja con Jounouchi siguió queriéndolo ¡y Jounouchi siempre lo supo! -Lo siento -se disculpó Yuugi-. Sé que ahora no sirve de nada pero quiero que lo sepas. -Está bien. -¡No, no está bien! Yo... Yo nunca quise herirte Jounouchi, si lo hice perdón... Yo... Yuugi no pudo terminar, sus palabras fueron cortadas por los brazos de Jounouchi que lo rodearon. Aún estaba sentado con la mirada baja y Jounouchi había aprovechado el que no lo había estado mirando para ponerse detrás de él y abrazarlo. -Está bien -se susurró Jounouchi, al oído-. Todo está bien ahora. Yuugi se mordió los labios. No iba a llorar. Por más que sus ojos se lo pidieran no iba a hacerlo. Si lloraba en ese momento lo arruinaría todo. Haría que Jounouchi se preocupara, lo haría sentir mal. No se atrevía a lastimar a Jounouchi de nuevo. Ya no. -Era eso ¿verdad? Ibas a decirme eso. Yuugi asintió con la cabeza. -No te sientas mal. Cuando esto comenzó ya sabía que podía terminar así. Pero de todas maneras me arriesgué. Me gustó el tiempo que pasamos juntos, Yuugi. Yuugi se puso de pie y volteó a verlo. Jounouchi le estaba sonriendo. -Yo también la pasé bien -dijo, abrazándolo. El rubio le respondió el abrazo y sonrió. Jounouchi no trató de profundizar el abrazo porque sabía que no sería el último. Eran amigos, eso no iba a cambiar. Nunca. -¿Te dije que tenías malos gustos? -preguntó. Yuugi soltó una risita al escucharlo. Se separaron y sonrieron, como si todo aquello hubiera sido sólo un mal rato y nada más. -Será mejor que tú y tus malos gustos salgan. -¿Qué? -Está afuera. -¿Kaiba? -Ajá. Cuando venía vi una limosina negra estacionada del otro lado de la calle. Sólo conozco a alguien en toda la ciudad que tiene una así. Había hablado con él, le había dicho que no quería que vaya a verlo esa noche, ¿qué hacía ahí? Yuugi suspiró, quizás Kaiba también sabía qué era lo que iba a decirle a Jounouchi. Definitivamente todos sacaban conclusiones más rápido que Yuugi. -¡Ve! -lo impujó el rubio. Yuugi caminó hacia la puerta, antes de salir giró para ver a su amigo. -Gracias por todo, Jounouchi. -¡Ya vete! -dijo, sonriéndole, apoyado en el marco de la puerta de la cocina. El rubio se quedó ahí mirando la puerta cerrada, como esperando que Yuugi vuelva a abrirla. Pero no lo hizo. -Está bien estar triste. Jounouchi volteó al escucharlo, Atem caminaba hacia él al tiempo que se materializaba. -Atem, hola. -Pensaba quedarme arriba, lejos de todo esto pero al no escuchar nada decidí bajar. Atem cruzó la sala y terminó de pie frente a una ventana, mirando hacia la calle. -Por un momento pensé que se olvidaría de Kaiba. -Yo también -djo Jounouchi, recostando todo su peso en el marco de la puerta-. ¿Sabes? Por un momento yo también lo pensé... -¿Sabías que Yuugi y Kaiba...? -Sí, pero traté de ignorarlo. Por eso no le dije nada a Yuugi. Pensé que esta vez podía vencerlo, que sólo necesitaba algo de tiempo... Pero, Kaiba terminó ganando... Como siempre. Atem lo miró por sobre su hombro. -Deja de aparentar, Jounouchi, no le diré nada a Yuugi. Está bien estar triste, está bien llorar. Atem volvió su atención hacia la calle mientras Jounouchi lloraba. Apretó sus manos en puño. "Kaiba siempre terminas ganándonos" pensó. Al notar que Yuugi salía de la casa bajó de la limosina. Ambos caminaron hasta encontrase, a mitad de la calle. -Creo haberte dicho que no quería que vengas -le comentó sonriendo. -¿Y quién vino por ti? Puedo estacionarme donde quiera. -¿Justo en frente a mi casa? -Las casualidades son muy frecuentes. Yuugi sonrió, era increíble como Kaiba sabía todo y nunca decía nada. También era increíble como es que podía quedarse toda la noche ahí; sentado en su limosina preocupado por él sin mostrar ni un indicio de querer admitirlo. Yuugi sabía que Kaiba estaba más que preocupado, no sólo por él, también por Jounouchi. Kaiba cargaba algo de culpa por todo aquello. -Jounouchi y yo terminamos -dijo Yuugi, apuntando al grano-. Dijo que yo tenía mal gusto. Kaiba se sorprendió y por primera vez no se molestó en ocultarlo. No pensó que las cosas sucediera así... Así de rápido. Quería preguntarle a Yuugi qué era lo que conversó con Jounouchi, cómo estaba él, qué había sucedido dentro de su casa. Pero... Ése era asunto de Yuugi y Jounouchi. Kaiba estiró un brazo y atrajo a Yuugi hacia él de un movimiento ágil. -Kaiba... -No es prudente conversar en medio de la calle. Yuugi sonrió a su sarcasmo. Kaiba se inclinó sobre él y lo besó. Cuando se separaron Yuugi notó esos azules ojos penetrantes mirándolo tan intensamente. Como temiendo no poder recordar su rostro una vez que la noche se termine. -Por un momento pensé que me dejarías. -Todos nos equivocamos. Kaiba lo abrazó y Yuugi se aferró a él. "Pero no quiero equivocarme contigo" pensaron ambos. Fin Sí, se acabó. Si hay quejas por ser tan corto el fic pues aclaro que inicialmente sería un oneshot, o sea, de un solo capítulo. |