Dolor de Muelas

Capítulo 2: ¿Te dije que ya lo sabía?


Al rededor del medio día el mundo parecía haberse juntado de nuevo. Aunque los recuerdos de haberlo visto partido en dos aún perduraban. A Yuugi pensar en ello le hacía mal. Pero descubrió una forma de dejar de sentirse así: dejó de pensar.

Quizás ésa no era la solución correcta pero bien que le estaba funcionando. Se quejó en voz alta de ciertas molestias que realmente no sentía como: ligeros dolores de cabeza o mareos. La verdad del asunto era que su malestar era anímico pero al echarle la culpa a la salud era su manera de olvidarse por un momento del asunto. Buscaba un dolor, una excusa para justificar lo que estaba haciendo. Así lo que estuviera haciendo no fuera nada. Y no tenía planes a corto plazo para hacer algo. Simplemente era Yuugi haciendo nada.

No comió mucho, le dijo al abuelo que estaba mal del estómago... Bueno, con el rostro de desahuciado que había estado mostrando últimamente Yuugi, al abuelo no le olió a mentira. Con sólo verle la cara uno sacaba a la vista unas 2 ó 3 enfermedades.

Yuugi sintió sueño. Cosa que era totalmente normal. No era como si comiendo tan poco tuviera las fuerzas suficientes como para ir a correr al parque. Antes de dormirse le echó la culpa a un repentino dolor de cabeza. Dolor que no existía... No en ese momento al menos.

¿Despierto?

-Ehhhhhhh... -Yuugi se movió sobre su cama-. Ah, Atem.

Yuugi miró su reloj... Había dormido casi todo el día. No falataba mucho para que anocheciera... ¿Anochecer...? Por alguna razón que desconocía sabía qué algo tenía que hacer antes de que se haga de noche... Algo... No recordaba qué. Bueno, si la cosa era importante ya lo recordaría ¿no?

¿Todo bien?

Atem se estaba manifestando etéreo en la habitación, sentado al borde de la cama, cruzado de piernas y mirando fijamente a Yuugi.

-Más o menos... Con dolor... Dolor de cabeza.

¿De cabeza? Pensé que sufrías de dolor de muelas.

¿De dónde demonios había sacado Atem eso de dolor de muelas?... ¿Muelas?...

-...Maldición... -se quejó Yuugi, cogiéndose el rostro y recordando su sufrida existencia todo de golpe-. Ahora sí tengo dolor de cabeza.

¿Ahora sí?

-Sí, ahora sí. Y creo que se está incrementando... Como sea. Algo tengo que hacer.

¿Y por qué no lo haces?

Yuugi se sentó en la cama y levantó una ceja.

-¿A qué te refieres?

Has estado quejándote todo el maldito día de esto y aquello y no te he visto hacer algo para mejorar las cosas.

-Lo dices como si fuera tan fácil, Atem -contestó de mala gana, sin mirarlo.

Lo dices como si fuera tan difícil, Yuugi.

-Pues, ¿cómo decirlo? -preguntó con sarcasmo-. Si fuera fácil no estaría así. Pero, ¡oh! Mira, las cosas no son fáciles. Ése, quizás, sea el problema.

El problema eres tú.

El dolor de cabeza iba definitivamente en aumento. Y tener a Atem haciendo tantas preguntas y diciendo estupideces completas no estaba ayudando, ni siquiera un poco.

-Mira, Atem, de ser yo el maldito problema ya habría hecho algo ¿de acuerdo? Además que no sé porqué demonios crees que soy el problema. El problema está allá afuera -dijo, mirando hacia la ventana-. Pero me afecta a mí. Y no quiero saber porqué crees ese tipo de cosas.

Estás a la defensiva, Yuugi. -Atem hizo una pausa al notar que Yuugi no respondía-. No te estoy atacando, sólo quiero ayudar. Lo sabes. Y aún así no me dejas.

Yuugi lo escuchó, siempre lo escuchaba. No lo miró, es más, no lo había mirado desde que despertó. No estaba molesto con él, solamente no quería hacerlo. Su mirada seguía fija en la ventana tan solo pensando en las palabras de Atem. Antes de eso había sonado tan prepotente, tan "lo sé todo" pero ya no era así. Era cierto, él lo sabía bien, mejor que nadie: Atem sólo quería ayudarlo.

No debería decirte estas cosas porque sé que no quieres escucharlas y me molesta... Me duele tener que decírtelas porq...

-No las digas entonces -lo cortó Yuugi.

Ese no es el punto. No quieres escucharlas, pero necesitas hacerlo. Igual yo... No quiero decirlo pero tengo que hacerlo.

-Haz lo que quieras.

Mírame.

Yuugi no respondió y tampoco lo miró. Fácilmente Atem podía obligarlo a hacer lo que él quería; cogerlo de la barbilla y hacer que él escuchara todo lo que tenía que decir. Pero no lo haría. Nunca obligaría a Yuugi a hacer algo en contra de lo que deseara. Fuera del hecho de que Atem se encontraba en su estado incorpóreo.

Quiero que me mires.

-Es igual, Atem. Que te mire, que no lo haga. Te estoy escuchando.

Sé que me escuchas. Para ti es igual verme o no. Para mí no. Quiero que me mires, Yuugi.

Yuugi cerró los ojos. Atem estaba pidiéndole que lo mirara para hablar. Para decirle algo que ninguno de los dos quería escuchar. Atem estaba a punto de decir cosas que no quería pero iba a hacer. Increíble, Yuugi se dió cuenta que estaba siendo lo suficientemente egoísta como para mandar al demonio a Atem sin siquiera importarle que lo hacía por él.

Yuugi giró y lo miró a los ojos.

¿Hasta cuándo vas a estar así? ¿Quejándonte? ¿Compadeciéndote de t...?

-¡Espera! ¡Espera, Atem! -gritó Yuugi-. Admito que estoy actuando como un crío engreído pero no me estoy compadeciendo de mí mismo. ¡No soy tan patético! ¡Me quejo! ¡Lo evito tanto como puedo pero no me creo la persona que más sufre en el mundo! ¡Esperando que todos me den de su lástima!

¿Entonces qué clase de persona eres?

-Una que no necesita la lástima de nadie.

Lo que te ofrezco no es lástima.

-...Lo sé

¿Entonces por qué me lo dijiste? Sabes que nunca sentiría lástima por ti. Sólo te estoy sacando en cara cómo son las cosas. No porque me guste, sino porque necesitas escucharlo.

-Ya sé cómo son las cosas, Atem.

Lo sé. No eres un pobre diablo, sé que sabes cómo van las cosas. Pero necesitas escucharlo. Necesitas que alguien te lo diga.

-Ya, ya... Ya, sólo dilo -dijo Yuugi, queriéndose librar de todo aquella conversación.

Si estás tan mal es porque así lo has querido. Jounouchi ni Kaiba tienen la culpa. -Atem se detuvo, Yuugi se mordió los labios. Guardándose la respuesta para él-. Te conozco. Sé que no le echas la culpa a nadie. También sé que te preocupas más por ellos que por ti mismo pero, date cuenta, Yuugi.

-No haya nada de qué darse cuenta...

Si ya lo sabes, estonces admítelo. No basta con saberlo.

La conversación llegaba a su fin. Ambos lo sabían... Sabían cada palabra y cada pensamiento del otro pero, como dijo Atem, no bastaba con saberlo, a veces era necesario decirlo. Así la otra persona lo sepa, es necesario escucharlo.

Estás usando de excusa a Jounouchi y Kaiba para justificarte.

-¡Atem...!

Atem esperó pero Yuugi nunca terminó la frase. No había qué decir. Era cierto. ¡Con un demonio que era cierto! Yuugi estaba justificándose en excusas, justificándose en Kaiba y Jounouchi. Se sentía mal... ¡MAL! Siempre pensando más en ellos que en él y aún así ¡Aún así! Justificándose en ambos.

-Soy tan débil... Tanto que ni siquiera soy capaz de guardármelo -dijo, al fin, con una sonrisa amarga-. Me alejo, me quejo, lloro... Muestro mi debilidad y para variar trato de justificarme en ellos -en esas circunstancias cada sarcasmo de Yuugi dolía su peso en pena-. Sólo se justifican los cobardes que no son capaces de aceptar ni cargar con sus resposabilidades, con lo que hacen o dicen...

No es cobardía, Yuugi. A veces muestras tu debilidad para esconder tu fuerza. Recuérdalo.

-Deja de tratar de consolarme -dijo sonriendo. Sonriendo sin pena o amargura.

No lo hago. Tan solo te digo las cosas que ya sabes pero que necesitabas escuchar.

-Lo sé.

Demonios... Lo sabemos todo. -Dijo Atem, sarcástico y relajando el ambiente.

-¿Y tú... Qué pienas?

Sabes cómo me llevo con Kaiba.

-Lo sé.

Sí, ya sé que lo sabes.

-Ya, ya, ya... Deja el trabalenguas.

Yuugi, no te voy a decir que estés con Jounouchi por esto y aquello o que estés con Kaiba porque sí o porque no. Con saber que lo que decidas lo harás porque así es como en verdad quieres las cosas, por mí bien.

-Lo sé.

¿Quién está con la palabrita ahora?

-Lo siento, es que... Ya sabes: lo sabemos todo.

Bien, bien, perfecto pero hay algo que no sé.

-Ohhhhhhhhhhhhhhhhhh~ ¿Y qué es?

No sé a quién vas a dejar venir a casa. Si vas a llamar a alguien y cancelar la visita tiene que ser AHORA.

-¡¡¡¡Con un demonio!!!! -gritó Yuugi, con cara de "¿por qué no me lo dijiste antes?".

Sé que lo sabes pero... Es hora de que te des cuenta que aquel de los dos que venga a visitarte hoy, será quien venga SIEMPRE de aquí para adelante. Y el otro tan sólo será tu amigo.

-Lo sé... ¡Lo sé! -escuchó gritar a Yuugi, pasillo abajo en busca del teléfono.

Fin del capítulo 2
Vaya... De seguro muchos de ustedes estarán felices por mi insomnio, estoy actualizando rápido. Mis noches de insomnio se han hecho muy Yu-Gay-Oh!... Pero, no importa qué tan frustrante sea el hecho de querer dormir y no poder conseguirlo, tenía que sacarle provecho a la situación. La vida te saca provecho, sácale tú también provecho a la vida, no importa con qué. Me hace recordar a una frase: "Al mundo no le importas tú. Le importa lo que produzcas. ¡Así que produce algo!".
La verdad del asunto es que en este capítulo se moría el fic. Pero Kiri me dijo que le gustaría que fuera algo un poco más largo y quedé en terminarlo en tres episodios. Por eso que en este capítulo aún no digo con quién decide quedarse Yuugi... Sí, sufran. (RavenTears)