|
Capítulo 3: -Hey, Jounouchi... -llamó Yuugi desde su carpeta. -¿Qué pasa? -preguntó el rubio, mirando al ojón de reojo, ya que estaban en media clase. -Hablarás con él hoy, ¿no? -Sí... Esa es la idea... A menos que... -Jounouchi se calló. Miró alrededor, casi toda la clase (léase: los pocos que habían asistido a las clases ya que media escuela y un par de profesores habían asistido a la fiesta y no estaban en condiciones de caminar con resaca) los estaban mirando-. Después te cuento, Yuugi. La última clase antes del descanso de almuerzo fue bastante... Relajada. El profesor de turno tenía cara de muerto fresco: indicio de que también había asistido a la fiesta. Claro que ni Honda sabía cómo carajos había caído un profesor de la escuela en su departamento. Jounouchi estaba demasiado concentrado, sí, CONCENTRADO en tratar de pensar qué le diría a Kaiba. Jounouchi pensó todas y cada una de las posibles maneras de abordar a Kaiba con la conversación. Y sacó por conclusión que... Que... Que no existía ni una puta forma de decirle a tu pareja que te acostaste con otro y que para variar no sabías quién mierda había sido. Oh, sí, Jounouchi se iría a la mierda. Kaiba, sentado a unos metros de su carpeta, aparentaba ser el mismo Seto Kaiba de siempre. Tenía una imagen que mantener. Pero no dejaba de pensar en qué era aquello que traía preocupado al rubio. Cerró su mano en puño, si era por culpa de Otogi, Kaiba no se molestaría en no mancharse al romperle una por una las vértebras. La voz de Jounouchi sacó de su alucinación a Kaiba (alucinación en la que él le rompía unas cuantas costillas a Otogi) cuando el rubio le pidió al profesor salir al baño. Jounouchi no podía estar más tiempo en el aula, necesitaba un lugar más despejado para pensar. Además que tener a Kaiba a unas cuantas carpetas no lo ayudaba a concentrarse. Cosa totalmente comprensible. Caminó por el pasillo con las manos en los bolsillos. Faltaba poco para el descanso así que era buena idea ir a la azotea, no se llenaría de gente hasta que sonara la campana. Calculaba tener unos... 15 minutos de tranquilidad él solo. -Jounouchi. El rubio volteó al escuchar su nombre. -Ah, Otogi, hola -saludó el rubio, sin muchas ganas- ¿Qué pasa? ¿No deberías estar en clases? Qué pregunta, si él mismo se estaba pelando las clases. -Estaba, pero te vi caminando y decidí salir a... Hablar -Otogi se demoró en contestarle-. ¿Podemos hablar? Jounouchi se sorprendió. ¿Hablar? ¿Qué tenían que hablar ellos? Lo miró bien. Recién lo notaba pero Otogi estaba actuando extraño, algo nervioso y además le parecía que más mechones de cabello le caían en el rostro. Mmmmm... No tenía saldos pendientes con Otogi, bueno, no saldos que recordara... ¡Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda...! Jounouchi se puso pálido. Más que eso, se puso traslúcido. ¡¿Podía ser?! ¿¡Otogi?! ¿¿¿¡¡¡OTOGI!!!??? -¿H-h-h-h-h-h-h-hablar? -balbuceó el rubio. A Otogi le chocó la pregunta, quizás porque Jounouchi parecía estarse olvidando el idioma o también porque pensaba que no quería nada con él. Jounouchi notó que a Otogi le desconcertó su pregunta. Bueno, estaban a par, ambos estaban en shock. Pero, necesitaba calma, calma... No podía ser Otogi, aunque habían grandes posibilidades de que sí hubiera sido él, pero no. Pero ¿quién sabe? Él no recordaba nada, pero igual, ¿Otogi? No, ¿o sí? Respiró profundamente. -Sí, claro. Iba a la azotea, p-podemos ir a hablar allá -logró decir. Fueron a la azotea. Jounouchi se apoyó en la reja de seguridad. Aire. Era lo que necesitaba, sólo un poco de aire. Miró a Otogi de reojo, ¿¡OTOGI!? No, no, no, no, no... Tenía que calmarse, es decir, no podía ir por allí creyendo que se encamó con el primero que saltara en su camino a saludarlo. De ser así entonces media escuela podía haberse acostado con él... Aunque... Media escuela fue a la fiesta. ¡Mierda, mierda, mierda...! Estaba buscando calma, no más posibles encamados. Además, ni si quiera recordaba a Otogi en la fiesta, podía querer hablar con él de cualquier cosa. Tanto de qué hablar, no podía haberlo seguido hasta la azotea para decirle que se había encamado con él. -Jounouchi, sobre lo de ayer en casa de Honda yo... ¡Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda...! Jounouchi estaba sudando sangre. ¡¿Por qué cuando trataba de convencerse de algo el mundo se esmeraba tanto por joderle la puta existencia?! Es decir, ni siquiera le reventaba la verdad con sutileza y consideración, si no que le reventaba la verdad con todas las santas ganas de verlo sufrir. El mundo no tenía a Katsuya Jounouchi en mejor estima. -...Espero me creas -terminó de decir Otogi, con una pequeña reverencia signo de disculpas. -¡No, no, no, no! Digo, ¡perdón! N-no te escuché n-nada. Estaba pensando... ¿Q-q-q-q-qué me decías? -Si no quieres hablar de eso lo entenderé. Yo sólo qu... -¡No! Digo, ¡sí! Sí quiero hablar de eso -Aún no lo asimilaba pero tenía que saberlo, o al menos, la conversación tenía que aclararle la mente-. ¿P-pero qué es "eso" de lo que estamos hablando? -¿¡QUÉ?! -a Otogi se le cayó toda la máscara de seriedad que tenía-. ¿¡No recuerdas nada?! -No y no me lo repitas -se quejó Jounouchi, cogiéndose la cabeza... Empezaba a dolerle. -¿Pero... Qué exactamente no recuerdas? -preguntó, tratando de verse calmado. -Pues, para empezar ni si quiera recuerdo que vayas asistido a la fiesta. -¡Demonios...! Y pensé que era yo quien había abusado del alcohol -comentó Otogi, despejándose los cabellos del rostro en un movimiento involuntario. -¿Eh...? Soltó Jounouchi. Otogi tenía la mejilla derecha morada. Eso explicaba el peinado: estaba cubriéndose el... ¿Golpe? -¿Qué pasó? -preguntó-. ¿Quién fue el zurdo? -Jounouchi conocía muy bien esas marcas. Marcas hechas por un puño bien cuadrado que buscaba no reventarle un ojo, si no mandarlo al piso porque le pegó en la mejilla a un lado del rostro. Y si tenía la marca en la derecha quien lo golpeó debió hacerlo con el puño izquierdo. -¿¡QUÉ?! ¡¿NI SIQUIERA RECUERDAS ESO?! -explotó Otogi-. ¿¡Entonces por qué me estoy disculpando si ni siquieras sabes qué hice?! -¡PUTA MADRE! ¡Para eso estamos hablando! Además, ¿¡cómo que ni siquiera recuerdo "eso"?! O sea, ¿¡YO TE PEGUÉ O QUÉ?! -No, no fuíste tú -se calmó Otogi, al comprender que Jounouchi estaba totalemnte desesperado por tratar de recordar-. Bueno... No importa si recuerdas que hice o no... Me disculpo porque soy hombre de honor y te debo a ti y a Kaiba respeto... Pero... ¡¿De verdad no recuerdas NADA?! -¡NO, HOMBRE NO! ¡NO RECUERDO NI UN CARAJO! -¿Y... Y quieres que yo te lo diga? -Bueno, si tienes que ver en el asunto, sí. Y me parece que tienes MUCHO que ver. -No te va a gustar lo que escucharás. -¡HABLA! -gritó Jounouchi, mitad desesperado, mitad asustado porque sabía que no sería nada agradable lo que escucharía. Otogi permaneció en silencio larga rato. Había ido a buscando, sabiendo que Kaiba había amanazado con matarlo si es que volvía a acercarse a Jounouchi, pero tenía que disculparse y ¡y Jounouchi le salía con que no recordaba nada! Las campanas sonaron. Comenzaba el primer descanzo. -Otogi, de verdad necesito saber qué p... -¡Lo sé! -lo interrumpió-. Pero no es fácil... -Otogi respiró ondo-. La fiesta sí la recuerdas ¿no? -Más o menos. A partir de media noche las cosas se hacen confusas. -A media noche todas las fiestas se hacen confusas. Bueno, yo llegué tarde, como a la una, y tú ya estaban bastante ebrio. Pues... Me puse a tomar vodka contigo. -El malnacido vodka de Atem -éso era algo que Jounouchi NUNCA olvidaría-. Sigue. -Tomamos más de la cuenta. Ya eran cerca de las dos y seguíamos tomando. Demonios, ya sé porqué amanecí con esta resaca. Bueno, de ahí decidiste irte al cuarto de Honda y... Y te seguí y... ¡¿De verdad no recuerdas esa parte?! De verdad que no quiero contártela y creo que tú no querrás escucharla -declaró Otogi, nervioso y totalmente rojo. -¡Bien, bien! Ya me hago a la idea, ¡pásate esa parte! -respondió Jounouchi, desviando la vista. -Ajá, pues... De ahí no hay mucho. Es decir, después que Kaiba entró yo OBVIAMENTE me fui y cuan... -¡AGUANTA, AGUANTA, AGUANTA! ¡¿KAIBA?! ¡¿QUÉ TIENE QUE VER KAIBA AQUÍ?! -interrumpió Jounouchi, acercándose a Otogi en total histeria. -¡¿Qué tiene que ver?! ¡Pues que nos interrumpió! ¡Y fue él quien me dejó el rostro así! -gritó Otogi, parando al rubio que parecía quererlo asesinar-. Aunque, no sabes cómo agradezco que nos haya interrumpido, si no quién sabe qué habría llegado a hacer. Y el puñetazo lo comprendo, me lo merecía. -¡Espera! ¡Para tu coche! ¡¿KAIBA FUE A LA FIESTA?! O SEA, ¡¿KAIBA LO SABE?! -¡¡¡¡CLARO QUE LO SABE!!!! -¿¡Y cómo es eso de que "nos interrumpió"?! -Jounouchi se puso pálido-. No, no... ¡NO!... No me digas que... Q-q-q-q-q-q-que entró justo cuando... ¡¡NO ME JODAS!! Definitivamente ese miércoles, cumpleaños de Honda, había sido un día de miércoles. Desde la primera hora hasta la última. Jounouchi dejó caer su espalda contra la reja, buscando algo en qué apoyarse. Otogi se asustó y se inclinó sobre él, cogiéndolo de los hombros. -¡Hey! ¡HEY! ¡Espera! -le gritaba mientras lo zamarreaba-. ¡Jounouchi! ¡¿No te dije acaso que fue una suerte que nos haya interrumpido?! ¡¡PUDO HABER SIDO PEOR!! -¿¡PEOR?! ¡¿QUÉ PUEDE SER PEOR QUE ESO?! -¡¡¡ESPERA!!! -gritó Otogi, incluso más alto que él- ¡¿Qué demonios crees que..?! -Suéltalo. La palabra cortó el viento como las últimas palabras de Otogi. Otogi giró la cabeza pero Jounouchi no necesitaba verlo para saber quién era. Seto Kaiba estaba a unos metros de ellos. No necesitaba decir más, El azul de su mirada expresaba más que cualquier palabra. Fin del capítulo 4 |