|
Capítulo 4: Faceta de Idiota -No puedo negarme, aibou. -Lo sé, pero al menos no me pongas esa cara. -Tampoco puedo hacer eso. -Deja de ser tan dramático, Yami. -No puedo evitarlo. -...Fracasado. -¿Qué? -Que eres un fracasado. No puedes negarte, no puedes cambiar de cara, no puedes dejar de ser tan dramàtico, no puedes hacer nada. Yugi ya estaba cambiado y listo para ir a la escuela. Era temprano aún y estaba conversando con Yami; quería llegar tranquilo y "despejado" a la escuela. -Desde ayer estás así. -¿Así, cómo? -Primero te haces el mudo, después el fracasado y ahora te haces el idiota -se quejó Yugi-. Deja de actuar así. -¿Y cómo quieres que actúe? -soltó Yami-. Sé que no tengo derecho de decirte algo, pero no me gusta. -Ayer estabas divertido con la broma que le gasté a Kaiba-kun. -Sí, me divertí porque era una broma, y una broma para Kaiba. -No te entiendo - se quejó Yugi-. Fuiste tú quien me hizo aceptar casi a la fuerza que me gustaba Kaiba-kun y ahora me dices que no te agrada la idea. Ambos se quedaron callados. Yugi, porque esperaba una respuesta y Yami, porque no trataba de dar una. El día anterior Yugi le había dicho a Yami que ya había molestado lo suficiente a Kaiba, y que le diría que aceptaba. Pero Yami se limitó a escucharlo y no dijo palabra. Yugi se enojó con él por su actitud de soy mudo y se echó a dormir. Si bien Yami se había hecho el mudo, fracasado e idiota, no pretendía hacerse pasar por amnésico. Recordaba que había sido quien obligó a Yugi a aceptar que se moría por el imbécil de Kaiba. Pero cuando Kaiba le exigió una respuesta a Yugi, notó que el castaño le reclamaba cosas a su aibou como si Yugi le perteneciera. Le hizo pensar que una relación así sería placentera para Kaiba y asfixiante para Yugi. Y Yugi era la clase de persona que necesitaba de mucha libertad. Una persona como Kaiba era tan posesiva que quizás no dejaría mucho de Yugi para los demás. -Kaiba es un imbécil y se puede ir al carajo, pero... (1) -Pero dijiste que no podías negarte -interrumpió Yugi. -No me estoy negando; me estoy quejando. -Bien. -Bien -repitió Yami-. Son tus decisiones y no puedo influir mucho en ellas, pero voy a odiar más a Kaiba si te hace algo. Si quieres decirle hoy que aceptas ser su pareja, es tu problema. Pero si algo cambia, iré a escupirle unas cuantas verdades en la cara. -Eso no es posible, Yami - contestó Yugi, sonriendo-. Tú no puedes odiar más a Kaiba-kun. Si tu odia hacia él fuese comida, podrías alimentar a todos niños pobres de África durante un par de años. -Aibou, esto es serio. -Lo que trata de decirte es que te has equivocado en varias cosas. -¿Seguro? Ya he dejado atrás mi faceta de fracasado. -Primero -comenzó a decir Yugi-, eres la persona que más detesta a Kaiba-kun y no creo posible que tu odio hacia él pueda aumentar. Segundo, Kaiba-kun no me va a hacer nada. Tercero, nada va a cambiar entre nosotros. -¿Qué sucede, aibou? Soy yo el que se está haciendo el idiota, no tú. -¿Qué? -Dices que "Kaiba-kun no te hará nada porque bla, bla, bla..." Pero, ¿quién fue el que te besó sin permiso? ¿Quién te anda exigiendo explicaciones? Yugi no respondió. ¿Qué podía decirle? Yami tenía razón; no podía engañarlo. Si Yami era así en su faceta de diota, Yugi ya se preguntaba cómo sería en su faceta de inteligente. -No sé cómo la haces, pero de verdad quieres a ese idiota -comentó Yami-. Aunque Kaiba no te necesita para que lo defiendas. -¿Y qué significó eso de que "si algo cambia"? -preguntó Yugi-. ¡No me mires así! No lo estoy defendiendo. Sólo quiero saber. -Ayer te diste cuenta de lo celoso y posesivo que es. ¿No crees que las cosas pueden cambiar? Eres como una paloma, aibou. Inocente no serás, pero sí libre. -Hablas como si Kaiba-kun me fuera a tener del cuello con una cadena. Yami, eres un idiota si crees que algo va a cambiar. No permitiré que nada cambie. Puedes confiar en mí, que no soy un fracasado como tú. Yugi le sonrió y le señaló el Rompecabezas del Milenio. Yami suspiró; Yugi no era ningún fracasado, sino el Rey de los Juegos. Él no perdería contra Kaiba, a menos que Kaiba amenazara con lanzarse del último piso de Kaiba Corp. ¿Total? Ya le había funcionado una vez. -Sólo por si es que te estás haciendo tú el idiota, déjame explicarte -comenzó a decir Yami-. Son tus decisiones y también es tu cuerpo, pero dentro de él tienes a dos consciencias. Supongo que serás lo bastante misericordioso conmigo como para cortar nuestro lazo cuando estés con él. Yugi estaba sentado en la silla de su escritorio cuando casi se fue de cara por reírse como loco. Al escuchar a Yami, le había llegado la imagen mental de Kaiba y Yami besándose, pensando que era él. La ecuación era divertida: Kaiba + beso + Yami = Yami vomitando. -Eres cruel -se quejó Yami al ver cómo se reía. Lo peor era que Yugi se estaba riendo de él. Era más; se estaba riendo de sus desgracias. -Está bien. Tú no me molestas y yo no te involucro en ninguna escena con Kaiba-kun. Pero te digo que besa bien. ¿No quieres probar? -¡NOOO! -Bueno, te lo pierdes -contestó Yugi, pasando la lengua por sus labios. -¡Deja de torturarme! Yugi soltó otra carcajada. Yami estaba casi en shock, pero miró el reloj de pared. -Aibou, ya es algo tarde. -¡Caray! No puedo llegar tarde. Tengo un examen. -Apúrate. Si corres, tal vez llegues a tiempo. -¿Qué? ¿Ahora sucede que estás en tu faceta de reloj? _____________________________ -Llega tarde, Mutou-kun -dijo el profesor al verlo entrar. -Lo siento. -Pase. Yugi cerró la puerta y atravesó el salón hasta llegar a su carpeta. Estaba jadeando, y muy cansado. No recordó haber corrido más en toda su vida. Miró a sus amigos; tenían unas caras de preocupación increíbles, pero Yugi les dijo que estaba bien y que les explicaría luego. El examen no fue la gran cosa. Las clases pasaron rápido y cuando Yugi se dio cuenta, ya estaban en el descanso. Jounouchi le preguntó qué había sido, pero Yugi sólo le dijo que "tuvo problemitas con Yami." La campana que indicaba el término de clases sonó. Yugi sólo lo notó cuando sus amigos le dijeron que se diera prisa. -No se preocupen. Tengo que esperar a Tohru-kun. -¿También hoy? -se quejó Jounouchi-. ¿Qué tanto hicieron ayer? -No mucho. Te explico mañana. -Bien, te veo. -Chau, Yugi -se despidieron Honda y Bakura. Los alumnos terminaron de salir, dejando a sólo dos de ellos en el salón. -¿Qué sucede? ¿No vas a salir a buscarlo? De seguro que debe estar esperándote en alguna parte. Yugi miró a Kaiba. No podía culparlo. El día anterior le había jugado una broma divertida, sí, pero divertida sólo para él. Yugi sabía que había terminado con la paciencia de Kaiba, si es que Kaiba tenía paciencia. Y es que el CEO estaba molesto con él; no lo había mirado en todo el día, ya sólo en ese momento se había dignado hablarle. -Mentí. No estoy esperando a Tohru-kun. Kaiba giró al escucharlo. No tenía una sonrisa torcida en el rostro y tampoco estaba parado en una pose de soy el Rey del Mundo. Yugi supuso que estaba sorprendido; Kaiba era la única persona que podía sorprenderse y seguir manteniendo su semblante serio. Ese sujeto era increíble. Yugi seguía sentado en su sitio. No tenía ganas de ponerse de pie, y estaba algo nervioso. Kaiba se acercó y se inclinó sobre él, apoyándose sobre la carpeta. -Te escucho -le susurró al oído. Eso no ayudó a Yugi a relajarse. -Kaiba-kun... -comenzó a decir mientras giraba la cabeza para mirarlo a los ojos. Pero Kaiba estaba tan cerca que, al girar, casi terminaron besándose-. Kaiba-kun, quería decirte que... "¡No, aibou! ¡Espera!" interrumpió Yami. Fin del capítulo 5 Nota: |