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Capítulo 10: 42 días después -¡Shingo! ¡SHINGO! ¡Maldita sea, no mueras aún! -¡¿Cómo está?! -¡Estará muerto si no lo llevamos a un hospital! -¡Shingo! ¡Sé que me escuchas! ¡No te atrevas a morirte! ¡Es una orden! De pronto, todo el escándalo y el dolor se fueron. No sentía frío ni escuchaba a los demás. Acaso eso era ¿paz? Hacía mucho que él no sentía eso y le gustó. Pero él no podía morir aún, no podía. Quiso escuchar ruido, sentir dolor. Él no moriría; al menos, no ahí. Un gran vacìo. Luego un olor poco agradable. Una presión en la cabeza y parte del rostro. El olor le recordaba algo. Trató de moverse; estaba echado. Sintió sábanas suaves y ese olor... Ya sabía dónde estaba: en un maldito hospital. Tratò de abrir los ojos, pero sólo pudo abrir uno. Se demoró acostumbrarse a la luz del cuarto. Cerca a su cama estaba un sujeto delgado y alto mirando por la ventana. -¿Sasuke? El sujeto se sobresaltó, volteó rápidamente y lo miró atónito. -¡Shingo! ¡El jefe tenía razón: los mal nacidos como tú nunca mueren! -¿Qué pasó en el trabajo? -Realmente tienes mentalidad de asesino, Shingo. ¿Por qué siempre que alguien termina en el hospital lo primero que preguntan es por la misión? -Porque no por las puras estamos en los hospitales, idiota. Dime que la terminaron; necesito saber que estar aquí valió la pena. -Sí, lo asesinaste. Y luego casi te asesinan a ti. -¿Seguro que está muerto? No quiero saber que es el sujeto que está en la otra habitación. -No lo creo. -Suele suceder. Y si es así, siempre puedo ahogarlo con el suero. -No te preocupes: está bien muerto -rió Sasuke. Su compañero se alegró escuchar a Shingo bromear; ya estaba más relajado. Supuso que saber que estaba vivo animaba a cualquiera, incluso a él. -¿Cuántos días hace que estoy aquí? -Un par. -¿Cuántos? -42. -¿Qué fue? -preguntó Shingo, cogiéndose el rostro. -La bala te entró por detrás de la cabeza. No te penetró el cerebro, por desgracia, pero casi te destroza el temporal. La balita en cuestión terminó alojada detrás de tu ojo. -¿Estoy tuerto? -preguntó, aunque la pregunta era más para él que para su compañero-. ¿Ya la extrajeron? -Sí, pero puedo pedir que te la regresen, si quieres. -Éste es un hospital público. -Sí, era el más cercano. Y Tadashi no quería que te murieras en su carro. El jefe tuvo que sobornar a unos cuantos para que no hagan preguntas. No todos los días llegan sujetos con una bala en la cabeza. Shingo cerró el ojo; el otro ni siquiera lo sentía. Quería sacarse las vendas. Le estaban molestando. -El jefe te dio una orden que, ahora que lo pienso, sonó estúpida. -¿Cuando me ordenó que no me muriera? -Tienes buena memoria. Sí, era cierto. Él tenía muy buena memoria. Recordaba porqué estaba vivo; se había dicho que no moriría antes que él. Porque tenía que ser Shingo quien lo asesinara. De pronto, las imágenes de su pasado regresaron a su adolorida mente. Recordó cómo lo echaron de casa, cómo su familia le quitó el apellido, cómo él le quitó el apellido, cómo lo ignoraron, como a un miserable perro. Recordó que se quedó sin nada y en la nada. Todo porque ya no lo necesitaban. Porque decidieron que alguien estaría mejor en su lugar. Mostró una sonrisa amarga para sí mismo al recordar que se prometió vengarse de su familia. Esas palabras sonaron tan bien esa noche. Años después en un hospital, le sonaban cursis, pero igual de ciertas. Había estado mucho tiempo en la calle, quizás demasiado. Ahí conoció mucha gente, mucha gente que era enemiga de su familia. Descubrió que existía un sujeto, jefe de un clan de asesinos que odiaba tanto a su familia tanto como él mismo. Demoró cerca de tres años en poder entrar al clan. Y ahí había pasado su maldita vida hasta ese entonces, como un maldita asesino y como uno de los mejores. Además, se había convertido en el favorito del jefe. Ambos eran tan desgraciados y malditos que no tardaron en llevarse "bien". Una vez que el jefe muriera, natural o por asesinato, Shingo asumiría su puesto. -¿Sabes, Shingo? -Su compañero cortó sus recuerdos-. Cuando llegamos pidieron tu nombre para el registro. No éramos tan idiotas como para dar el apellido del clan, así que el jefe se acercó y dijo tu nombre: Shingo Hiwatari. Shingo estalló en carcajadas. -Hace mucho que nadie me llamaba así. -Todos sospechamos. Algunos quisieron asesinarte ahí mismo -continuó-. Pero el jefe explicó que nadie tenía más derecho que tú de querer vengarte de Voltaire. Y como lo dijo el jefe, todos le creímos. También dijo algo más: que nada de lo que te hicieron los Hiwatari se comparaba a lo que nos hicieron a nosotros. -Ustedes al menos tienen vida. -Te quitaron tu vida, ¿verdad? Shingo no contestó. -Pero, ¿qué harás ahora? -volvió a decir Sasuke-. No podrás seguir siendo asesino. -En un par de meses, cuando esté bien, trataré de asesinarte. Entonces veremos si aún sirvo. -Espero estar vivo para ver cómo te vengas, Shingo Hiwatari. -No me llames así. Que nadie lo haga. Shingo estaba decidido a lograr lo que quería. Y quería venganza, por más lejana quela viera. -Sólo cuando logre lo que quiero, cuando sea patriarca de la familia y recupere lo que es mío, podrán decirme así. -¿Y cómo te decimos mientras tanto? -preguntó Sasuke. -Kira. Te llamaremos Kira. Sasuke retrocedió en un salto, Shingo no hizo más que girar su rostro sobre la almohada. En la puerta estaba apoyado un sujeto que los miraba muy entretenido. Ninguno de los dos lo había escuchado entrar y cerrar la puerta. Ellos era asesinos, pero el sujeto era el experto. Era el jefe. Sasuke inclinó levemente la cabeza en señal de saludo. Shingo, desde ese momento Kira, rio entre dientes. -Es muy malo poniendo nombres -se burló. -No cambias. Ni siquiera esa bala ha cambiado tu carácter de mierda -contestó el jefe. -Todo lo aprendí de usted, jefe. -Tienes una boca muy grande, Kira. Algún día alguien querrá matarte por eso, y aun si no lo logra, yo lo haré. -¿De qué habla? Seré yo quien lo asesine, jefe. Esa es la tradición. Usted asesinó al antiguo jefe y yo lo mataré a usted para serlo. -Veremos si lo logras, Kira. Quiero ver qué tan grande tienes la boca. Quiero saber cómo llegarás a ser el patriarca de los Hiwatari. Hasta entonces, sólo eres Kira. Fin del capítulo 10 Sé que no está muy claro, pero... |